Carta al Olentzero

Olentzero Maitea…

No se si este año he sido buena o no. Se que ha sido un año muy especial, pero no se si me merezco muchos regalos. Pero por si acaso quieres regalarme algo y no sabes el qué, yo te doy ideas. Puedes regalarme unas botas de monte nuevas.

Porque las mías están viejitas. Tienen ya unos cuantos años, pero este último han viajado a Perú, han hecho un montón de excursiones por Austria… y ayer se fueron a la nieve.

En primavera habíamos intentado subir al Tonion, pero nos echó la lluvia. Así que teníamos en mente volver. Ayer amaneció despejado y queríamos pisar un poco de nieve… recordabamos una subida fuerte pero fácil, con un camino muy marcado… así que probamos a subir de nuevo, en busca de nieve.

La nieve la encontramos ya por el camino. En el coche la temperatura marcaba -11º, casi que apetecía más buscar un sitio para tomar un café calentito…

Nada más comenzar a subir, ya vimos que debía de haber nevado mucho el fin de semana, porque el camino estaba sin pisar. Se notaba algún rastro más hundido, las rodadas de algún tractor… pero pisadas sólo de conejos.

Cuando el camino sale de la pista y empieza a subir entre pinos, con el sol calentando, la subida, los carámbanos de hielo… ya creíamos que no podía regalarnos mucho más el día, aquello era precioso.

Pero luego llegamos a la pradera… dónde los animales eran los únicos que se habían animado a pasear a sus anchas. Nieve hasta la rodilla, tirarse sin miedo, subir abriendo camino… Sol, pinos, nieve.

Dos horas y media después de salir del coche llegamos a la cabaña, que parecía una casita de chocolate en medio de un manto de azúcar.

El Tonion nos miraba desafiante, pero lo dejamos para otra vez. Porque, querido Olentzero, después de dos horas, mis botas calan. Y porque aquí los días son muy cortitos, y no nos iba a dar tiempo. Y porque ya no conocíamos el camino (hasta este mismo punto llegamos la otra vez). Y porque es bonito que siga siendo un reto pendiente.

La bajada con pena, por dejar atrás el silencio, la tranquilidad, la nieve… Pero con alegría por poder mover de nuevo los dedos al entrar en calor… y pensando en el chocolate que nos íbamos a tomar.

Porque al llegar al coche, y a pesar de que habíamos pasado calor y pensábamos que había subido muchísimo la temperatura, marcaba -7º. Porque Mariazell es un pueblo precioso para tomar un buen chocolate acompañado de lebkuchen de chocolate….

Así que querido Olentzero, si no llego a tiempo para las botas nuevas, te pido que el año que viene esté lleno de días como el de ayer. Días en que te sientes privilegiado, sonriente, feliz. La nieve hasta las rodillas y el sol pegando fuerte. Colores, contrastes y luces.

Zorionak a todos