Cargando pilas. Katrin Klettersteig

La vuelta de vacaciones ha costado lo suyo. Retomar la rutina, sueño acumulado, dudas existenciales… pero ya estamos en marcha, y con las pilas cargadas. ¿Cómo? Primero, durmiendo y descansando y quedándonos en casa como hacía muchísimo que no hacíamos. Y después, ya vale de descansar, que esto no es lo nuestro, y disfrutando de un fin de semana de esos que te carga de energía durante un tiempo.

Teníamos muchas ganas de hacer un Klettesteig, una Vía Ferrata. Mucho leer, comparar material, buscar rutas… y al final este fin de semana nos lanzamos.

¿De qué estoy hablando? Pues una vía ferrata es una vía de montaña equipada con enganches, cable de acero, “escalones” o cosas parecidas para ayudar en la subida… Es una especie de escalada, pero los arneses van preparados de tal manera que no necesitas unos conocimientos previos de nudos, enganches, etc… para poder hacerlo de forma segura. Siempre vas asegurado, llevas un absorvedor de energía que te frena en caso de caída, y según el libro que tenemos “todo el mundo está preparado para hacer una vía ferrata de los dos primeros niveles, a no ser que tenga mucho vértigo”.

Así que nos lanzamos a la aventura pensando en un camino normal sólo que un poco más complicado, con un cable de seguridad al que atarte… Elegimos una ruta de lo más fácil que había. Dificultad A hasta B/C (en un tramo pequeño). Katrin Klettersteig.

Para llegar hasta el comienzo de la vía, dos opciones: subir en funicular y bajar hasta allí. O subir andando. Pensamos que como estaba a media altura habría un atajo a medio camino. No, no lo había. Así que llegamos al Klettesteig con 900m de subida en el cuerpo (o más porque dimos bastantes vueltas buscando el “atajo”), los nervios a flor de piel y las piernas cansadas.

Un tentempié, ponernos los arneses y a por ello.

¿Había dicho que era un camino fácil con un cable de acero? ¡Y una leche! Una pared. Una pared con un cable que sube vertical al que asegurarte. Una arista por la que subir escalando literalmente. A veces unos hierros para apoyar pies y manos, para engancharte y seguir subiendo. Pero en vertical casi.

Los dos primeros minutos me acordé de toda mi familia. Luego de la de Samu. Luego de él, en repetidas ocasiones. Luego del del club de montaña que nos recomendó la ruta “muy fácil, demasiado incluso”, luego de no se cuantas personas más. Luego me acordé de respirar, que no viene mal. Luego de que en algún punto interior sigo teniendo vértigo, según pude comprobar. Y luego de los 200 metros de subida que me quedaban. Llevaba unos 5 ya más o menos… ¿¿¿Pero cómo voy a subir por aquí???

No os creáis, que Samu no estaba mucho mejor que yo. Luego resultó que como bien habíamos leído, muchas ferratas empiezan en la parte más difícil y luego ya es más fácil. Y así fue. Pero aún así, mucho más extremo que lo que habíamos imaginado.

Pero una vez pasado el susto, controlada la respiración, el tembleque de piernas y pasada la primera pared, fue una auténtica gozada.

Concentración, fuerza, tú, la piedra, los enganches, guardar distancias de seguridad. Un mosquetón, otro mosquetón. Pensar en los siguientes pasos para saber dónde poner los pies. No mirar demasiado para abajo. Energía, adrenalida. Sonrisas. Querer gritar.

Dentro de un tiempo, repetiremos y veremos que en realidad era una vía muy fácil sin mayor complicación, pero la verdad es que no nos lo esperábamos y nos pilló por sorpresa, y nos dió un poco de miedo. O mucho, pero tampoco vamos a confesarlo todo por aquí.

Desde luego repetiremos, pero nos vamos a mantener en el nivel A-B durante un tiempo bastante largo, creo yo.

Eso sí, el subidón de energía durante la subida y al llegar arriba es indescriptible. Y aún nos duró en los mil y pico metros de bajada, hasta llegar al camping, montar la tienda ya denoche, al cenar…

El día siguiente, matados pero contentos, decidimos que sería de relax. Una mañana preciosa al borde del lago, ¿Qué puede haber mejor que un chapuzón a primera hora? El agua estaba perfecta. La temperatura fuera también. Felicidad.

Un poco de turismo, visitar Sankt Wolfgang in Salzkammergut, comer salchichas, siesta en otro lago, un poco más de turismo, helados y vuelta a casa.

Las pilas cargadas para una buena temporada…

Alpstein y Trämpl

Hace un par de semanas hicimos nuestra primera ruta de verdad en Alta Austria. Dos picos uno frente al otro. Un tiempo que no terminaba de ser bueno pero que nos respetó y nos dejó disfrutar de unas vistas preciosas. Seis horas y media para ir arrancando motores para el verano que nos espera.

La subida, a través de un hayedo frondoso y precioso. Una buena subida, pero la tranquilidad de no cruzarte a nadie en casi todo el día, silencio absoluto, la penumbra del bosque frondoso. Y ratoncitos, pájaros carpinteros y salamandras que nos acompañaron en la ruta.

Al salir del bosque y llegar a las praderas ya se empiezan a percibir las vistas que vamos a tener. Desde el collado que separa el Alpstein y el Trämpl se ve la subida que nos queda por delante. Pero lo que no creemos es que vamos a tener que dejar los palos a medio camino para subir el último tramo a cuatro patas agarrados a las rocas. Y que 5 minutos antes de llegar arriba se va a poner a nevar. Poco, pero nieve a mitad de mayo…

Foto de rigor en Alpstein (1443m) y bajar que ya aprieta el hambre. Y que deje de nevar al comenzar el descenso…

Comida rápida y a por el Trámpl (1424m), esto ya está hecho. Si no hubiera que atravesar un nevero resbaladizo… y se pusiera a nevar de nuevo arriba (¿la barrera de los… 1400m?).

Pero después de la sorpresa, paró el viento, o comenzó a llegar una brisa tibia desde el valle que nos permitió, después de haber tenido que comer a todo correr porque nos helábamos en el collado, poder estar todo el tiempo que quisiéramos maravillándonos con los paisajes… y con una temperatura perfecta. Así da gusto…

PD: ¡Ya tenemos piso!

Otoño en Eisenstein

El otoño me encanta. Pero a veces se me olvida.

Este año tenía la sensación de no haber aprovechado el verano aquí lo suficiente cuando vi caer las primeras hojas. Y me dio por pensar en los cortos días de invierno, en los largos meses de invierno… y no quería, de ninguna manera, que llegara el otoño, y sobretodo, que se fuera.

Pero después de la excursión en barco por el Danubio y el paseo de la semana pasada, ya me había reconciliado con una de mis estaciones preferidas.

Pero entonces llegó la excursión de ayer… y el otoño volvió a engancharme del todo.

Salimos de casa con unos 0 grados. Y a medida que nos fuimos adentrando en valles sombríos la temperatura fue bajando. Cuando llegamos al destino, sobre las 11 de la mañana, había una diferencia tremenda entre dónde había dado el sol y dónde no… había paisajes en blanco y negro.

Pero el sol calentaba con fuerza, de manera que durante la subida no pasamos ni gota de frío. A pesar de que las hojas heladas del camino decían lo contrario.

Un día de otoño en todo su esplendor. Al fondo la niebla. Arriba, el cielo azul. En en suelo, la tierra helada. Hojas, piñas, hojas, frutos…

La excursión, de 4 horas y media, preciosa, para repetir en verano, con el paisaje tan diferente. Sin ser paliza pero lo suficiente para volver a casa contentos, con las mejillas frías y la sonrisa en la cara…

Fin de semana en Salzkammergut (cont.): Circuito de Gosaukamm

Una de las razones de esta escapada a Salzkammergut era hacer una excursión de un par de días durmiendo en un refugio. Pero no teníamos muy claro cual, después de que el más cercano al pico Hohe Dachstein estuviera lleno y además nos dijeran que sin material y buena preparación era imposible subir hasta arriba.

Finalmente la ruta elegida fue una vuelta de dos días alrededor del macizo de Gosaukamm. Todo un acierto. Gosaukamm es parte de la cordillera montañosa de Dachstein: altos picos, casi inaccesibles, de piedra caliza, la mayoría de ellos de más de 2000m, rodeados de lagos y verdes valles.

La ruta comienza cogiendo el Gosaukammbahn, que nos sube el primer tramo de 550m y facilita las cosas. Así que aparcamos, y vamos hacia el funicular cuando de pronto nos encontramos de frente el lago de Gosausee. Nos quedamos con la boca abierta.

No son las 10 de la mañana y ya hace muchísimo calor, con lo que lo único que apetece es sumergirse en esas aguas. Al fondo los altos picos de Dachstein y los glaciares. A la derecha, el macizo de Gosaukamm. Impresionante…

Nuestra ruta comienza arriba del funicular con unas vistas increíbles. Pero enseguida rodeamos la cordillera y vemos el otro valle. Las vistas, aunque menos escarpadas, preciosas también.

Tras dos horas de camino entre acantilados, bosques y piedra, llegamos a la primera parada. Los refugios de montaña en Austria no son como en España. Son hütte, casetas de madera llenas de flores, con simpáticas camareras vestidas de tirolesas sirviendo salchichas y platos varios, todos con una pinta impresionante. Y cerveza, mucha cerveza. Pero nosotros resistimos y somos fieles a nuestros bocadillos…

Estar a 1500m de altura con unas vistas maravillosas y que una banda de música, vestidos con trajes regionales se pongan a tocar haciendo resonar los trombones por todo el valle no tiene precio…

Seguimos con la ruta para subir hasta el paso de Jöchl: El camino baja hacia un circo, precioso, pero que parece no tener salida. Pero claro que la tiene, tan sólo hay que subir una de las paredes y listo…

Una vez arriba, y tras tomarnos un respiro, nos quedan algo más de 2 horas hasta el refugio de Hofpürgl Hutte, donde pasaremos la noche.

Como hemos dicho, los refugios aquí no son el mismo concepto que el que tenemos nosotros. Estos de alta montaña no son tan bonitos como las cabañas de madera, pero son edificios inmensos y preparadísimos. Hofpürgl Hutte tiene unas 20 habitaciones de 10 personas, además de una gran habitación común. Ducha caliente, baños limpios con agua corriente, moqueta, todo limpísimo, y sobretodo un gran bar con terraza, donde sirven infinidad de platos calientes y postres.

Aquí no está bien visto venir con tu camping gas: aquí se viene a disfrutar de las vistas y a comer. Pero una vez más hemos resistido, que para algo hemos cargado con el gran macuto a cuestas, que lo nuestro nos ha costado. Y aunque nos han echado fuera de la zona cercana al refugio para poder cocinar, nuestros macarrones de sobre nos han sabido a gloria.

La mañana siguiente amanece igual de soleada, y arrancamos con ganas para la gran subida que tenemos por delante. En el impresionante circo de piedra caliza no corre una gota de aire, y a las 9 de la mañana debemos estar cerca de los 30º, pero en una hora llegamos al paso de Steiglpass, a 2015 metros de altura.

A partir de aquí cambia de nuevo el paisaje: rocas y caos en un paisaje lunar, pinares junto a los picos de caliza, y pronto, vistas de nuevo al lago Gosausee, en el que termina nuestra ruta.

Este segundo día nos estaba gustando muchísimo también, pero nos estaba sabiendo a poco, y seguíamos sin saber como haríamos para ver la otra parte de la cordillera y los glaciares en un sólo día que nos quedaba antes de volver a casa. Hasta que de pronto se encendió la bombilla:

“¿Y si, como vamos a llegar abajo para la hora de comer… esta tarde en vez de ir al camping, subimos y dormimos en el refugio y mañana hacemos allí mismo una ruta?”

Y claro, a partir de ahí no hubo tregua: bajada a piñón fijo para que diera tiempo a todo, y a la 1 del medio día, estábamos comiéndonos nuestro bocadillo junto al lago…

Pero claro, otro día sin ducharnos no podíamos estar si íbamos a subir a otro refugio… nos merecíamos, al menos ¡un baño!

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Datos de la ruta circular en torno a Gosaukamm:

Punto de partida: Funicular Gosaukammbahn. Sube hasta los 1475m. Precio subida 8€.

Punto final: Lago Gosausee, junto al funicular.

Distancia primer día: 12,2 km
Distancia segundo día: 8,5 km

Total desnivel subida: 1231m
Total desnivel bajada: 1654m