Más visitas prenavideñas: Elena y Javi

Cuantas cosas se me quedan sin contaros… como que vinieron Elena y Javi a vernos antes de Navidad. Aún no nos habíamos recuperado del finde de amigas y anexos II del fin de semana anterior y ya teníamos aquí la siguiente visita.

Esta fue más corta, pero también intensa.

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El viernes por la tarde lo dedicamos a un poco de turismo por Linz hasta que se nos helaron los pies. Mercadillo de Navidad, cerveza, algún paseo y cena rica, para luego echarnos unas risas en casa con más cervezas y jugando a los Rabbids en la Play. Había que reservar fuerzas para el día siguiente, así que a dormir pronto.

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La ruta empezaba parecida a la del fin de semana anterior. Gmunden, Traunkirchen, Hallstatt. Con menos nieve y menos fio, pero mucho frío en cualquier caso, y mucha nieve también. Esta vez pudimos comer caliente. Una sopa y salchichas, ¿quien dice que no a un menú típico austriaco?

Hallstatt es un lugar al que no me canso de volver. Samu dice que siempre llevamos a todo el mundo al mismo sitio, que se aburre. Yo no. Además cada visita es distinta: en verano, en invierno, en verano de nuevo… pelear con los carámbanos de hielo, o ver como mi hermana está empeñada en tirarse al lago por pisar un poco más de nieve…

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Y también repetimos mercado de Navidad en Sankt Wolfgang. Samu tiene suerte de que sólo sea en Navidad, porque seguro que a este volvíamos unas cuantas veces durante el año si no…

Pero además ese sábado tocaba algo diferente, ya que luego les teníamos una sorpresa reservada. En Altmünster se celebraba uno de los mayores desfiles de Krampus de la provincia. “Con lo que le gustan a Elena esas cosas, no nos lo podemos perder…” o eso pensaba yo. Creo que le habría hecho más gracia encontrarse con niños vestidos de angelitos cantando villancicos… y pasó algo de miedo.

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Aunque ahora que lo pienso no se si eran los Krampus o los viejos que querían ligar con ella, los que daban más miedo…

El domingo amaneció buenísimo, y nos fuimos hacia el norte. Freistadt, al norte de Alta Austria, y Krumlov, un pueblo de cuento ya en la República Checa. Recorrer sus calles siempre es una gozada, y más si vas en buena compañía, y comiendo todo lo que se cruza en tu camino. Patatas fritas, rollos de canela, salchichas…

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Y finalmente… ¡hubo niños cantando villancicos! dirás que no pienso en todo, ¿¿¿eh Elena??? eso si, para el año que viene a ver si practican un poco más que los que hemos contratado este año cantaban un poco mal…

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Verano sin parar por casa…

Ni asomamos la cabecita por aquí. Podríamos decir eso de “cerrado por vacaciones”. Pero no es verdad. Pero aún sin vacaciones (hasta ahora) intentamos aprovechar cada segundo del verano y me cuesta sentarme delante del ordenador.

Más que verano, casi podríamos decir que en Linz está haciendo una primavera larga y agradable… cuando deja de llover da gusto pasear, sentarse en una terraza o ver atardecer. Pero cierto que también hemos tenido algunos días de mucho calor, aunque contados.

Pero eso no ha impedido que tengamos visita, nos vayamos de camping, sigamos descubriendo tanto Linz como Austria, comamos bien, nos bañemos en lagos entre montañas, nos juntemos con amigos, subamos montañas o nos asomemos a puntos hiper turísicos, pero que merecen mucho la pena.

Passau, Schärding, Dachstein, Halsttat, Hohe Tauern, Salzkammergut, Traunsee, Viena… ya os lo contaré todo con calma. Pero de momento aquí quedan algunas fotos, para ir abriendo boca.

¡Feliz verano!

Un fin de semana completito

Al final pasaremos medio verano yendo y viniendo, así que el tiempo que estamos aquí queremos aprovecharlo… ¡y eso hacemos!

Este fin de semana la verdad es que ha sido de lo más completito. El viernes tuvimos otra vez sesión de chicas. Os tengo que hablar de la Niederösterreich-CARD, pero se merece un post aparte. Pero la cosa es que con esta tarjetita mágica, podíamos ir a las termas de Baden gratis, así que allí nos fuimos, que estamos taaaan estresadas, que necesitábamos relajarnos…

Baden es un pueblo muy bonito a unos 40km al sur de Viena, que alcanzó renombre gracias a sus aguas termales hace unos siglos. Hoy, desierto en invierno pero llena de visitantes y bonitas casonas en invierno, tiene varias zonas de termas.

Nosotras estuvimos en Römertherme. Parecen ser menos auténticas, pero además de que te ahorras el estupendo aroma a huevos podridos, son las que nos incluía la tarjeta. Teníamos entrada para todo el día. Y yo creía que con dos horas tenía más que suficiente… Pues bien, ¡entramos a las 10,30 de la mañana y salimos a las 5 de la tarde! Entre chorrito por aquí y chorrito por allí, y un rato en la piscina exterior, nos dio la hora de comer. Como el propio buffet del lugar costaba 8,90€ y no estaba mal, comimos allí sin quitarnos el bañador, con lo que después monopolizamos el jacuzzi… durante más de una hora. Parece que nos dan cuerda. Nos ponemos a charlar y charlar y no hay quien nos pare. Luego un chapuzón, unos largos, y claro, hay que volver a relajarse… y nos fuimos porque Laura tenía que recoger a su hermano en el Aeropuerto, que si no…

El sábado volvimos a retomar nuestra aventura montañera. Esta vez el pico elegido fue Heukuppe, el punto más alto (2007 m) de los Rax-Alpen, una cordillera cerquita de Viena.

Tal vez elegir el día más caluroso hasta ahora para una subida de casi 1000m a pleno sol cuando yo tengo la tensión por los suelos no sea la mejor idea del mundo, pero la verdad es que a pesar de que casi me derrito en el intento, fue una excursión muy bonita. Pero nos olvidamos la cámara de fotos, así que sólo tenemos pequeños recuerdos sacados con el móvil.

La bajada (que tenía que haber sido la subida) fue impresionante. Por lo empinada, por los millones de flores e insectos, por el laberinto de árboles caídos y el misterio de encontrar el camino…

Pero casi lo mejor del día fue encontrar un Heuriger ecológico con unas vistas impresionantes para terminar la tarde merendando con los últimos rayos de sol…

Y el domingo, nos fuimos todos juntos (aunque nos faltaron Ana Laura y Dirk) hasta la República Checa, a ver un castillo precioso, en Lednice. Bonito por fuera, y por dentro más aún, aunque el calor asfixiante nos impidió disfrutar del agradable paseo por el parque…

Está a apenas hora y media en coche desde Viena, y es una excursión que merece mucho la pena. Los mismos campos hasta llegar allí estaban preciosos, llenos de cereales y girasoles. Y el castillo es una pasada, aunque la guía es sólo en checo y para poder entender algo te dan papelitos en inglés…

A la vuelta una parada en el vecino pueblo de Valtice, y para casa, ¡que calor!

En resumen, un fin de semana completo y estupendo…