Perú, diario de viaje. Día 4 – Valle del Colca

13.06.11 (¡Mi cumple!) Cabanaconde

A las 4,30 de la mañana venían a buscarnos al hostal. 3 horas y media hasta Chivay, entrada y capital del Valle del Colca. Por el camino vimos amanecer, llamas y vicuñas, y hasta vizcachas, una especie de conejo andino. Las vistas al pasar por el Mirador de los volcanes, a 4900m de altura, son impresionantes.

En la zona, entre los 4000  y los 5000 metros de altitud, tan sólo crece la yareta. Esta planta, muy compacta, como un minúsculo arbusto, tuvo mucha importancia ya que se utilizaba como combustible para las cocinas, e incluso para los trenes.

Mate de coca, caramelos (de coca también claro…)… al final a Jorge le dió hasta subidón, ¡tanta droga no es buena! Miguel se nos mareó un poco en el camino, pero nada que no se cure con un buen desayuno en Chivay.

Aquí se compran los boletos para todo el valle, y también agua y demás provisiones para todo el camino. Partimos en nuestra furgo con el conductor, Gustavo, el hombre de la agencia, Víctor y nuestra parlanchina guía Yolanda. Cuando alguien disfruta de verdad contándote la historia de su país, las distintas culturas, etc… se nota.

Los Incas reinaron muy pocos años, su expansión duró tan sólo unos 100 años, pero debido a su gran inteligencia y organización, ocuparon una gran extensión, llegando hasta zonas del sur de Argentina. Sin embargo, cuando los españoles llegaron a Perú, los incas se encontraban en plena guerra civil, ya que el anterior Inca tuvo dos descendientes, prácticamente de la misma edad, en dos lugares del territorio. Así que cuando Pizarro llegó con sus barbas y su piel blanca, los incas, sin un dirigente de verdad, le creyeron un semidiós y le acogieron con los brazos abiertos.

Además, en su imperio tenían 3 normas básicas: “no robar”, “no matar”, y “no mentir”. Por ello, todo lo que les contaron los colonos era verdad, no podía ser de otra manera. Para cuando se dieron cuenta de que no se podía confiar en ellos, ya era demasiado tarde…

Y así, casi sin parar de hablarnos de los incas, los españoles, la colonización y la evolución de la historia, avanzamos por el valle, entre preciosas terrazas de cultivo que ocupan todas las laderas. Cuando llegábamos a la zona más vertiginosa del valle (es el segundo cañón más profundo del mundo, con 3191m de profundidad), divisamos un montón de cóndores. Y por supuesto, nos acercamos corriendo al mirador…

Contemplar tan de cerca al ave voladora más grande del mundo, con sus casi 3 metros de envergadura, es todo un espectáculo. Y encima poder hacerlo en un paisaje como este, más aún.

Tras un bonito paseo de unos 20 minutos hasta la Cruz del Cóndor, el punto más turístico para verlos, donde volvieron a regalarnos algunos de sus vuelos, continuamos nuestro camino. Precioso.

Nos alojamos en Cabanaconde, menos turístico que Chivay, así que hasta allí nos hemos ido, a dejar las cosas en el hostal, dar un paseíto y comer. La comida consistió en un menú sencillito, con sopa de quinoa y carne de alpaca. Es una carne de sabor fuerte, como de caza, que recuerda ligeramente al sabor del hígado, muy rica. Para terminar mate de muña (al que terminaremos enganchados durante el viaje), que también es buena para el mal de altura o soroche.

Después de comer y la sobremesa, fuimos caminando hasta un mirador desde el que se podía ver el final del valle. Nos esperábamos una excursión de dos horas, que era lo que nos dijeron en la agencia. En total sí fueron dos horas, pero entre ir y volver muy tranquilos, hacer millones de fotos, charlas… todo muy bonito, pero más tranquilo de lo que esperábamos.Y por si fuera poco, de nuevo los cóndores volvieron a aparecer, majestuosos… Y ver atardecer sobre el valle, y la luna, la misma de siempre pero tan distinta…

La cena, de nuevo en el mismo sitio, sencilla de nuevo pero rica (todo esto lo teníamos incluido con la excursión, todas las comidas): crema de espárragos y pollo con puré, regado con vinito peruano, que estábamos de cumple y había que celebrar. Y de postre, sorpresa: ¡Tarta de cumple! Enorme, contundente… ¡que ilusión! y por si fuera poco, ¡¡¡regalitos!!! El cuaderno desde el que transcribo estas notas, y un colgante con forma de Tumi. ¡Gracias chicos, casi se me saltan las lágrimas!

Y para rematar la jugada, la más surrealista fiesta jamás imaginable: T-kila, justo en la puerta de enfrente.

Una casita de adobe (como todas las demás), pero muy muy sencilla, un pequeño bar, unos sofás, una barra, música… Nos pedimos unos tragos y de pronto, abren la sala de baile: la casita adosada, también de adobe, esta vez sin rematar por dentro, pero de donde cuelgan los altavoces, y la bola de luces de discoteca. Lo dicho, la fiesta más surrealista de la historia. Mucha salsa, bailes locales, todos dimos lo que pudimos (aunque algunos con poco éxito…).

Y para rematar la fiesta y agradecer a los anfitriones, conseguimos hacer sonar “paquito el chocolatero” y “nuestra jota”, sin la que no sabemos terminar una fiesta (abstenerse de escucharla aquí los sensibles…). Un fin de fiesta redondo, aunque nuestros amigos peruanos alucinaron un poco…

Y una vez más a las 10 de la noche durmiendo, que el día ha sido bieeen laaargo.

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Día 2: Paracas: Islas Ballestas
Día 2 (II): Paracas: Reserva de paracas y Oasis de Huacachina
Día 3: Arequipa

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Perú, diario de viaje. Día 3 – Arequipa

12.06.11 Arequipa

Llegamos a Arequipa a las 9,30 de la mañana, con muy buen tiempo. Pero cambiamos los planes de salir corriendo hacia el hotel, y nos quedamos en la estación de bus a contratar la excursión del día siguiente para el Cañón del Colca en alguna de las oficinas de la propia estación de autobuses, y así quitárnoslo de en medio. Luego comprobamos que en el centro de la ciudad la oferta es mucho mayor, pero de todas formas así lo teníamos cerrado y luego tan sólo quedaba disfrutar de la tarde.

Hay todo tipo de ofertas para esta excursión, desde guiri total, hasta rutas de 7 horas de trekking diarias; de 1, 2 o 3 días… al final encontramos una opción intermedia, al gusto de todos: Transporte, alojamiento, comidas, termas y transporte a Puno, 240s. más 35s. de entrada al valle.

La idea era “una ducha rápida” y salimos del hostal. Taxis desde la estación de autobuses hasta el hostal (7s.), casa Jael, que resultó bastante desastre. Las duchas casi no tenían agua, un hilo minúsculo, a veces fría y a veces caliente. Y eso las que no tenían cables que llegaban hasta la alcachofa, mal conectados, ¡que daban calambre! Resultado: tardamos un montón…

Salimos finalmente sobre la 1 del medio día a visitar por fin Arequipa, la ciudad blanca. Recibió este nombre por la piedra blanca volcánica, o sillar, con que se construyeron la mayoría de edificios del centro. Pero también porque los colonos lograron no mezclarse con los autóctonos, con lo que la mayoría de los habitantes, durante muchos años, eran de piel blanca.

Arequipa es muy bonita. A los pies del volcán Misti, es mucho más tranquila y bonita que Lima. Tiene alrededor de un millón de habitantes (frente a los casi 10 millones de la capital), está situada a unos 2200 metros de altura, y es una ciudad por la que pasear tranquilamente, disfrutando de los edificios coloniales, las calles tranquilas y los lugares de interés.

Lo primero que hicimos tras salir del hotel fue buscar un sitio para comer. Preguntamos por un sitio de allí, a los que van ellos, y nos recomendaron ir a la Chicharronería Quequita.

La zona de las chicharronerías está alejada del centro, sale unos 5 soles ir en taxi, y según nos dijo el taxista, se puede comer muy bien en cualquiera de los muchos locales. Son grandes restaurantes, con música ambiente en directo, altísima, donde las familias se reúnen sobretodo los fines de semana, para sus celebraciones. Comimos rico: chicharrones, rocoto relleno… (la sarza no nos gustó, era tipo oreja, mucho cartílago), pero sobretodo, lo pasamos genial.

Algunos valientes bailaron todo lo que quisieron, y cuando llegaron los mariachis, cantamos, reímos, ¡y bailaron más aún! Y además, ¡me dedicaron una canción por mi cumple!

De vuelta a Arequipa, visitamos la plaza de armas y paseamos por sus tranquilas calles hasta el convento de Santa Catalina. Este convento es casi una pequeña aldea, llena de patios y callecitas de bonitos colores. Otra cosa curiosa del lugar es que las monjas, la mayoría las segundas hijas de familias adineradas, vivían en sus propias casitas, con sus criadas.

La razón de esto es que tras un fuerte terremoto, la mayoría de los edificios que formaban en convento, que entonces eran de adobe y paja, se derrumbaron. Entonces, para poder volver a construirlo, se pidió a cada familia que pagara la casita de su hija. Así fue creciendo el convento, en forma de pequeñas casas con varias habitaciones y cocina, donde cada monja hacía más o menos su vida junto a su criada. Años más tarde, con las reformas de la iglesia, se pasaron todas a las zonas comunes, perdiendo privilegios y haciendo todas la vida en común.

Salimos de allí casi de noche, con lo que sólo nos quedó tiempo para pasear algo más, comprar algunos souvenirs y tomar unos piscos, jugos y cubatas locales. No teníamos hambre después de la comilona, pero acabamos comiendo un bocadillo muy rico en el Mamut, cerca de la plaza de armas, antes de irnos a la cama a las 9 de la noche. A las 3,30 sonada el despertador…

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Datos prácticos:

Hostal Arequipa: Casa Jael. Muy céntrico, habitaciones amplias, suficientemente limpio. Pero las duchas muy decepcionantes, algunas daban calambre, y el agua caliente bastante escasa. Los colchones algunos bien, y otros totalmente doblados y viejos.

Agencia valle del Colca: Ver posts siguientes

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Perú, diario de viaje. Día 2 (II) – Paracas: Reserva de Paracas y Oasis de Huacachina

11.06.11 Paracas (II)

Nada más llegar de la excursión de las islas Ballestas, y aún con la sonrisa en la cara, nos espera un minibús para seguir con la apretada agenda del día. Nos vamos a la reserva Natural de Paracas.

Paracas significa lluvia de arena, lo que nos da una idea de lo árido del lugar. El desierto de Paracas es parte del gran desierto de Atacama, el más árido del planeta. Ya nos habíamos hecho una idea del paisaje desde el barco, pero ahora vamos a entrar en él para verlo mucho mejor.

Tiene una gran variedad de colores, provocada por los distintos materiales que forman las dunas: blanquecino, amarillento, rojo debido al hierro… lo que le da un aspecto muy particular.

Nada más entrar en la reserva vemos a lo lejos algunos flamencos (cuando nos lo dijeron en la agencia nos esperábamos algo más que distinguir con los prismáticos pequeños puntos rosas), y pequeños fósiles marinos.

Algo curioso: La carretera es de sal. ¡Asfalto ecológico! Al ser una reserva natural, no se puede asfaltar, de forma que los caminos para circular están hechos con una capa de sal endurecida, sacada de las salinas de la zona. De echo, estas salinas están dentro de la propia reserva. Es por el circular de los camiones que van hasta ellas por lo que la sal se ha vuelto negra, pareciendo un asfalto normal. Si salimos de la ruta de estos camiones, vemos su color original.

Seguimos la ruta en minibus hasta unos miradores. La catedral, un gran arco de piedra que daba protagonismo a la zona, se derrumbó en el terremoto de 2007, pero aún así las vistas son muy bonitas y el paisaje con sus tonalidades y contrastes, bastante espectacular.

Tras una breve parada en una playa en la que abundan las conchas y la piedra pómez, seguimos la ruta, con alguna rápida parada para fotos, hasta la playa roja, muy bonita también por sus contrastes: paredes amarillas, arena roja.

Para comer nos llevaron hasta Lagunilla. Se trata de un pequeño pueblo pesquero preparado para todos los turistas que vienen a comer a la zona, con menús concertados y nada más.

Este tipo de cosas son las que no nos han gustado de la excursión: 5 minutos aquí; ahora 15; 10 minutos para coger conchas; 45 minutos para comer en este restaurante (aún así comimos rico, ceviche, pescados varios y más pisco sour). También es verdad que es la única manera de que nos diera tiempo a cumplir el planning del día, pero nos da la sensación de que esta excursión es similar para todos los turistas, y tampoco es muy espectacular, aunque sí que merece la pena ver la reserva y el desierto.

Cogemos las maletas en el hostal y vamos corriendo camino a Ica (algo más de 1h), al desierto, muy distinto esta vez, aunque también pertenece al desierto de Atacama.

En torno al oasis de Huacachina se ha montado una gran oferta turística. Actividades, bares, restaurantes, barcas en el lago… tanto para los turistas como para los locales es un punto muy importante: las parejas de recién casados vienen a hacerse las fotos aqui (no es especialmente bonito, y huele mal, pero estamos en mitad de cientos de kilómetros de paisaje árido, y esto es un oasis).

Huaca China significa “La que canta”, debido a una bellísima mujer con un canto tan hermoso que atraía a los hombres. Una noche su espejo se rompió, y los pedazos se transformaron en el oasis. Ahora ella es una sirena que vive en él y cuyo canto se escucha en las noches tranquilas…

Nosotros hemos hecho unas 2 horas de Buggie con sandboarding. Vamos, una especie de 4×4 sin carcasa que salta entre las dunas, mientras tú te agarras a los más que dudosos cinturones de seguridad y te golpeas contra los hierros, para después deslizarte a toda velocidad por las dunas gigantes en una tabla de snowboard.

La experiencia del buggie es divertida, aunque algo menos emocionante de lo que pudiera parecer (tal vez porque el nuestro era de 12 personas). Pero las vistas del desierto fantásticas.

Y el sandboarding, divertidísimo. Aparte de acabar de arena hasta las bragas (literalmente), los golpes tremendos (Jorge sigue magullado), los moratones, y de tragar arena durante horas, la experiencia nos ha encantado. Carreras duna abajo, adrenalina, muchas risas, fotos, atardecer en el desierto, que se nos haga de noche, ayudar a otro grupo que tenían el vehículo averiado y volver bajo las estrellas brincando entre dunas (y sin tener muy claro que el conductor estuviera orientado)… inolvidable.

Además, una Cusqueña bien fresca lo repone todo. O tal vez no, pero más nos vale, ya que tenemos un laaargo viaje por delante: Ica-Arequipa, 12 horas de bus, toda la noche, de 21.00 a 9.00. Y llenos de arena, claro, para mayor comodidad.

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Datos prácticos:

Bus Ica-Arequipa: Compañía Oltursa. Bus turístico, cómodo. Teníamos 9 camas VIP (130s.) en el piso inferior. Lo más destacable es que al ser un compartimento cerrado para 9 pax. es más tranquilo; pero los asientos son similares a los normales (85s.) (gracias Sergio e Isa por tragaros todo el viaje arriba…) tan sólo un poco más anchos. De seguridad, algo menos exagerado que Cruz del Sur, pero también bien. El viaje incluye comida y desayuno, etc.

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Día 1: Lima-Paracas
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Día 3: Arequipa

Perú, diario de viaje. Día 1 – Lima-Paracas

10.06.11 Bus lima-Paracas

Ayer, primera toma de contacto, todo el día de viaje (Viena-Amsterdam-Lima, KLM). Aunque no se nos hizo muy pesado, llegamos a Lima agotados, a última hora de la tarde. Mail a casa, duchita, y a dormir.

A las 7.30 por fin nos hemos juntado con el resto del grupo en la estación de autobuses ¡¡Ya estamos todos!! ¡Empieza la aventura!

Lima es caos, tráfico, pitidos, más pitidos. Mucho desorden, pobreza, caos… aunque tras nuestro primer Pisco Sour todo se ve con otros ojos. O tal vez fueras las salchipapas grasientas que le acompañaron. O que habíamos dejado lo más bonito para el final.

Lo más destacable de la ciudad es su plaza de armas; el barrio chino (formado cuando los miles de chinos, que vinieron a Perú como mano de obra para el cultivo del algodón, se mudaron a Lima cuando empezó a escasear el trabajo; hoy hay más de 2000 chifas o restaurantes chinos en la capital).

La calle Jirón de la Unión es la calle comercial de Lima. Sus edificios coloniales, pintados de vistosos colores, aunque muy estropeados, tienen los bajos ocupados con las tiendas de moda y de comida rápida. Un gran contraste con lo que habíamos visto las primeras horas en la ciudad. En los alrededores, las antiguas casonas de colores con vistosos balcones invitan a perderse un rato paseando entre calles.

Los autobuses. Viejos, pintados y repintados de los más llamativos colores. Un hombre (o mujer) asoma la cabeza por la puerta gritando la ruta y las paradas, ya que no tienen destino fijo, para atraer a los clientes. No es una figura de la compañía en sí, sino que trabajan a comisión, así que cuanto más griten las paradas y más gente suba, más ganan.

Inka-Kola (la bebida nacional, amarilla fosforita con sabor a piruleta), las cervezas, Cusqueña y Cristal (nos gustó más la primera), Pisco Sour, Chicha morada (una bebida dulce a base de maíz morado)… comenzamos a descubrir Perú y sus sabores.

Ya en el bus, tumbados a lo largo bajando hacia Paracas por la Panamericana. Dunas y desierto a un lado, el océano Pacífico al otro. Pobreza y chabolas a ambos. Perú y sus contrastes impactan.

Eso sí, el bus, puro lujo. Grandes asientos, almohada y manta, comida… lástima que nos haya tocado junto al baño, ¡con lo que eso conlleva!

Dato curioso: Parece ser que no es muy seguro coger autobuses de largo recorrido, sobretodo los nocturnos en Perú. Aún hoy, aunque cada vez menos, se dan secuestros de autobuses. Por eso, las compañías turísticas tienen un estricto control sobre equipaje y sobretodo, viajeros: control de pasaportes, grabación de los viajeros antes de subir al autobús, control permanente por GPS del vehículo, alarma ante parada del bus no prevista. Los conductores necesarios van en el vehículo, que no hace ninguna parada durante el trayecto. Te pierdes los vendedores ambulantes que suben con comida en cada parada, la música típica y lo barato de los autobuses locales, pero por supuesto compensa.

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Datos prácticos:

Moneda: La moneda en Perú es el nuevo Sol. En el momento del viaje, el cambio estaba entorno a 3,8s=1€, aunque la mayoría de precios que comentaré están cambiados a 4s=1€, ya que es así como hicimos los cálculos alli. En el aeropuerto se puede cambiar moneda en un puestito, a no muy mal cambio. Indispensable para los primeros gastos.

Taxi Aeropuerto: En Perú la mayoría de taxis no tienen taxímetro, por lo que es fundamental pactar el precio por adelantado. A la salida del aeropuerto, los conductores te acosan preguntando si quieres taxi, con lo que se puede regatear algo el precio. Un trayecto hasta el barrio de Miraflores nos salió 50s.

Hostal Lima: Hostal Link. Barrio de Miraflores. Hab. doble, 82s. / 21€. Amplio, cama grande y cómoda, buena ducha. Muy recomendable

Autobús Lima-Paracas: Cruz del Sur. 55s. / 14€. Muy cómodo y espacioso, buen servicio, incluye comida a bordo. Mucha seguridad. Unas 4 horas.

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Perú, junio 2011

Día 2: Paracas: Islas Ballestas
Día 2 (II): Paracas: Reserva de paracas y Oasis de Huacachina
Día 3: Arequipa 

Perú. Junio 2011

Acabamos de volver de 15 fantásticos días en Perú. Básicamente hemos recorrido los puntos más imprescindibles del sur de país: Lima, Paracas, con las Islas Ballesta y la reserva nacional, Ica y el Oasis de Huacachina, Arequipa, Cañón del Colca, Puno, Islas del lago Titikaka, Cuzco, Valle sagrado, trekking de Salkantay (4 días) y Machu Picchu.

Simplemente inolvidable. Perú es cultura, historia, colores, tradiciones, paisajes, contrastes, sabores, artesanía, música… nos ha enamorado.

Más pobre de lo que imaginábamos, así como mucho más desértico (algunas partes, por supuesto), pero aún así nos ha encantado. A pesar del frío, a pesar del calor, de los hostales sin agua caliente, los interminables viajes en autobús, el soroche, los mosquitos de los últimos días, el sentirnos guiris totalmente, las malas experiencias con alguna agencia, el polvo, el sueño… A pesar de todo, es pensar en el viaje y salir la sonrisa automáticamente. ¿Tiene que ser especial, no?

Y que decir de los compis de viaje… 11 amigos, grandes compañeros de viaje. Cada uno con su rol en el equipo, todos con ganas. Gracias chicos, una vez más.

Cada día fui escribiendo un diario de viaje, que pretendo contaros aquí tal cual. Para que sepáis cómo lo sentí allí, tal y como lo escribí. Probablemente haya partes que no entienda ni yo… el traqueteo del autobús, las risas durante el viaje, el sueño acumulado… pero espero que os guste este “pequeño” recordatorio de nuestra aventura en Perú.

¿Quieres saber más?

Día 1. Lima-Paracas
Día 2: Paracas, Islas Ballestas
Día 2 (II): Paracas: Reserva de paracas y Oasis de Huacachina
Día 3: Arequipa