Reencuentros

Trier 1

Te levantas un día y tienes clara la siguiente aventura. Lías a unos y a otros, y les convences (sin esfuerzo) de meteros un viaje de 700km de día y otros tantos de vuelta para el puente de 3 días de octubre. Todo para ver a dos buenos amigos, para un reencuentro esperado, unos abrazos que ya son necesarios, muchas risas que se echaban de menos…

trier 4

Muchos kilómetros para 3 días. Pero que se compensan con creces. Con charlas infinitas, con toneladas de comida, con ricos vinos que traen confesiones sorpresa, con castillos de cuento, risas y más risas, paisajes otoñales, abrazos, más risas, más charlas y más abrazos.

Trier 3

No hay nada como estar como una cabra y siempre animada a lo que haga falta… y estar rodeada de gente que te sigue la corriente. Porque Laura tuvo que meterse 400km extra entre ida y vuelta. Porque Samu aguantó con la sonrisa puesta las horas y horas en el coche de dos amigas que hacían meses que no se veían y a las que no les gusta hablar apenas… (vale, le sobornamos con chuches y chocolate…) Y porque Ana Laura y Dirk fueron tan buenos anfitriones como siempre.

Trier 2

Hay que ir organizando ya la siguiente…

Anuncios

Otoño…

Otoño

Desde la última vez que escribí han pasado más de dos meses. Y muchos viajes y escapadas, la verdad.

Vacaciones fantásticas en Croacia. Dos semanas de muchos kilómetros, muchos baños, ciudades medievales, aguas azules, islas y más islas…

A la vuelta a Austria, ya a mediados de septiembre, aterrizamos de lleno en el otoño y nos topamos de lleno con la realidad: en Austria ya era otoño y además había llegado con fuerza.

Temperaturas poco por encima de los 0°, aunque brillara el sol. Pero los fines de semana el tiempo dió alguna tregua, así que pudimos disfrutar de unos agradable paseos de otoño.

Setas

Las hojas empezaban a cambiar de color, y aunque quedaba mucho verde todavía, las setas y hongos decidieron ya era otoño, que ellas estaban listas ya.

La subida a Schonberstein no es larga pero si empinada. Preciosa por el bosque.

Y las vistas desde arriba… prometen. Pudimos disfrutar de una estupenda vista a las nubes y comer el bocata al sol. De nuevo bajar intentando no resbalar mucho, aunque no sea fácil.

Schonberstein Rumbo a Viena

Pero todavía no estábamos dispuestos a sacar la ropa de frío. Nos esperaba una semana a principios de octubre a caballo entre Madrid y Bilbao, con temperaturas veraniegas, que disfrutamos mucho, mucho, mucho.

Fui con ganas de abrazar. De achuchar. Y creo que lo hice. Muchos reencuentros, conocer a nuevas personitas, más reencuentros. Gente a la que puede hacer 3 o 10 meses, o incluso 3 años que no ves, y sentir como aunque muchas cosas cambien, otras muchas siguen igual.

Todos los ratitos me supieron a poco. Pero creedme que los saboreé. Amigos, familia, cañitas, comida y más comida, paseos, cafés, excursiones, más amigos. No hay fotos. Me limité a disfrutar de cada momento…

Y ya de vuelta en Austria. Ahora sí que es otoño. Las temperaturas han caído en picado y las cumbres de las montañas ya se ven blancas. Ya tenemos ruedas de invierno y los jerseys de cuello vuelto a medio sacar del trastero.

Pero de mientras hemos tenido tiempo de preciosos paseos por el Danubio. Disfrutar de todos los tonos dorados posibles. Del sol que cuando quiere aún puede calentar las mejillas. De rincones de Austria que no dejan de sorprender…

Paseando por el Danubio en Octubre

De punta a punta

De esto…

A esto

Hay solo una semana.

Hace una semana estábamos en Extremadura. De boda.

Que bien lo pasamos, cuanto bailamos, que bien y cuanto comimos… (sigo pensando que no pudieron quedar muchos cerdos por esas tierras después de la comilona…). Que contentos y guapos iban los novios, y nosotros también. Y que divertido ir con Ana y Jorge y con Patri a la vez.

Y al día siguiente paramos en Trujillo. Paseito, fotos, y volver a comer hasta reventar. Nos encantó, es un pueblo precioso, y entrar en el museo de Pizarro (es su pueblo natal) nos hizo recordar el viaje a Perú…

Y ayer llegué de Moscú después de una semana intensa. Con el trabajo, terminando el proyecto. Mucho trabajo pero también pude escaparme a ver la plaza roja en media hora. No es lo mismo los compañeros austriacos que mis ex-compis, pero me lo he pasado bien y aprovechado mucho. Aunque algún día haya tocado trabajar hasta las 2 de la mañana, y haya sido un palizón. Y aunque la semana haya acabado volviendo al aeropuerto a las tres de la mañana después de haber probado (y algo más) el vodka y sin dormir…

Pero ya estoy en casa, ya he dormido las horas que debía, y ya hemos dado algún paseito para disfrutar de los colores del otoño…

Es tiempo de… Sturm

Ist Sturm Zeit. Es tiempo de Strum.

De finales de agosto hasta principios de octubre. Los carteles diciendo que tienen Sturm en los bares cuelgan por todas partes. Blanco, tinto, rosado…

Federweißer en Alemania, Bremser en Baviera, Sauseren Alsacia, burčiak en Eslovaquia, burčák en la República Checa, bourru o vernache en Francia, “მაჭარი” (machari) en Georgia… ¿Qué es el Sturm?

A ver si lo explico bien. Al hacer vino (vino-vino, el que todos conocemos), se prensa la uva y se guarda en barricas para que fermente y los azúcares se conviertan en alcoholes. Pero cuando empieza a producirse la fermentación, si sacas el proyecto de vino y lo bebes… eso es Sturm.

Tiene gas y es muy dulce, debido a esas fermentaciones a medias, y un color turbio que lo identifica. Se bebe solo, está riquísimo, y tumba. Uno y dices tonterías. Dos y ya no sabes ni pedir el tercero… Y además, como va pasando tiempo y el vino sigue fermentando, el Strum de octubre tiene mucha más graduación que el de agosto…

Como los vinos, los hay buenos y malos, al fin y al cabo es un vino a medio hacer. El más rico, el de Schilcher, un vino rosado típico de Estiria.

Andrea el año pasado cuando nos visitó se quería llevar la maleta llena de botellas cuando las vio en el super. Pero ojo, tienen truco: como sigue fermentando, el Strum sigue produciendo anhídrido carbónico. Por eso las botellas, aunque parecen normales de refresco, no están cerradas. Dos veces he comprado (sabiéndolo) y las dos la he liado…

El que veis en la foto estaba impresionante. Que pena que había que coger el coche para volver, porque de verdad que es uno de los más ricos que hemos probado.

Y sabe mucho más rico aún si encima lo bebes disfrutando de estas vistas…

Niebla de otoño

Os dije que el fin de semana pasado me había reconciliado con el otoño, pero no os dje porqué.

Este último fin de semana disfrutamos de un día de otoño precioso, fresco pero con el sol fuerte, con niebla baja y buenas vistas…

Pero el sábado anterior tuvimos un día de frío, en el que la niebla estaba metida en el bosque creando juegos de luces, oscuridad, contrastes…

Hice fotos y fotos hasta que Samu se aburrió. Y luego… seguí haciendo fotos.

Las hojas del suelo, los troncos, las ramas, los bancos… todo estaba cubierto de niebla y humedad. Otoño.

Pero la niebla estaba literalmente metida dentro del bosque. O si no mirad la siguiente foto…

Luego pudimos disfrutar de un poco de sol, vistas, un paseo más tranquilo…

No dejó de hacer frío en ningún momento, y se nos hizo denoche antes de llegar al coche, pero volví a pensar eso de “adoro el otoño”.

Otoño en Eisenstein

El otoño me encanta. Pero a veces se me olvida.

Este año tenía la sensación de no haber aprovechado el verano aquí lo suficiente cuando vi caer las primeras hojas. Y me dio por pensar en los cortos días de invierno, en los largos meses de invierno… y no quería, de ninguna manera, que llegara el otoño, y sobretodo, que se fuera.

Pero después de la excursión en barco por el Danubio y el paseo de la semana pasada, ya me había reconciliado con una de mis estaciones preferidas.

Pero entonces llegó la excursión de ayer… y el otoño volvió a engancharme del todo.

Salimos de casa con unos 0 grados. Y a medida que nos fuimos adentrando en valles sombríos la temperatura fue bajando. Cuando llegamos al destino, sobre las 11 de la mañana, había una diferencia tremenda entre dónde había dado el sol y dónde no… había paisajes en blanco y negro.

Pero el sol calentaba con fuerza, de manera que durante la subida no pasamos ni gota de frío. A pesar de que las hojas heladas del camino decían lo contrario.

Un día de otoño en todo su esplendor. Al fondo la niebla. Arriba, el cielo azul. En en suelo, la tierra helada. Hojas, piñas, hojas, frutos…

La excursión, de 4 horas y media, preciosa, para repetir en verano, con el paisaje tan diferente. Sin ser paliza pero lo suficiente para volver a casa contentos, con las mejillas frías y la sonrisa en la cara…