Rumbo a Linz…

Si, casi llevamos un mes en Linz y he dado pocas señales de vida. Pero tenemos problemas con Internet, poco tiempo libre y mucho que buscar y descubrir…

Estamos en un piso provisional hasta que encontremos en el que vivir. Pequeño, no muy limpio, un poco caro para lo que es… pero junto al Danubio, en plena zona verde, todo el parque fluvial en el que la gente viene en verano a hacer deporte. Y es que aquí, como en Viena, según llega el buen tiempo, la gente sale a la calle y no para. Voley playa, skate, bicis, correr, patines, remo, futbol, tomar el sol, pasear, nordik walking, familias enteras corriendo, paseando al perro… parece que cuando salen de trabajar, todo Linz viene a esta zona a disfrutar del verde, del sol y del río…

Y nosotros también. El final de abril y principios de mayo nos han regalado unos atardeceres espectaculares en los que no apetecía quedarse en casa, sino pasear por al río hasta anochecer… o en bici. Que ya las hemos traído y las estamos exprimiendo en una ciudad totalmente llana y pequeña.

¿Veis ese castillo arriba de una montaña? Es Pöstlingberg, desde donde se ve todo Linz y los Alpes al fondo… un sitio estupendo para terminar un sábado de calor, tomando una cerveza en sus bares con vistas.

Pero todavía quedaba un buen rato para atardecer y queríamos visitar Urfahranermarkt, la feria junto al Danubio con la que nos ha recibido Linz. Y si, también al lado de casa…

Granizados de colores, barracas, una gran carpa con salchichas y cerveza y música en directo y austriacos borrachos cantando sobre las mesas, paseo al atardecer, y salir de cenar y justo al llegar al río que empiecen los fuegos artificiales. Si una ciudad te da la bienvenida así, pues que le vamos a hacer, te acaba enganchando…

Linz es pequeña y accesible en bici a todas partes, porque es totalmente llana. Tiene un casco antiguo que cada día me gusta más. Un verano largo y caluroso por lo que parece. Salvo 3 calles con tráfico es muy tranquilo. Cada mañana desde el coche cruzo el Danubio con el sol aún bajo reflejando, y veo de telón de fondo el skyline, vamos el casco antiguo, con los Alpes de fondo. Un día os juro que paro el coche y hago una foto. La gente es amable (dentro de ser austriacos, es decir, que no es que te vayan a invitar a su casa a cenar con su familia), tiene mucha vida en verano, está más cerca de las montañas… A Samu aún le gusta mucho menos que a mi. Pero cuestión de tiempo… seguro.

Y de momento entre búsqueda de piso y búsqueda de piso, alguna escapadita hemos hecho. Ir investigando las zonas, los lagos, recopilando ideas para hacer, pero sin palizas.

Klaussee es un pantano bonito pero no espectacular, con un paseo que lo rodea de la forma más absurda del mundo, subiendo y bajando y subiendo y bajando hasta reventarte las piernas, pero con mucha sombra… un paseo más largo de lo que esperábamos, pero divertido, parando a beber agua en las estaciones de tren, sacando fotos a parejas “pasándoselo muy bien” en barquitas en el lago… curioso todo.

Almsee, más pequeño, más salvaje, más corto, con más montañas. Precioso. Al primero que venga por aquí nos hemos prometido llevarle, así que id preparándoos…

¿No habíais soñado siempre con una casa en el lago? Fijaros bien y ojo con lo que pedís, que aquí se toman todo al pie de la letra…

Por lo demás, seguimos peleándonos con agentes inmobiliarios que no trabajan después de las 5, buscando pisos como locos. Pero aparecerá pronto, seguro. En el trabajo muy contenta, aunque si añadimos al alemán el echo de que aquí hablan un dialecto imposible de entender un día me tiro por la ventana. Pero bueno, poco a poco nos vamos entendiendo, el proyecto me gusta mucho, y la gente es muy amable (una vez más sin olvidarnos de donde estamos…) así que estoy muy bien, rodeada de planos y más planos…

Hoy llueve, escusa perfecta para quedarse en casa y ponerse un poco al día. ¡Pero seguro que mañana nos hacemos otra escapadita que os contamos pronto!