Cerrado por mudanza…

No, cerrado no, pero de mudanza sí. Bueno. ya no. Bueno, abriendo cajas. Y Samu haciendo de Heidi por el Tirol… ¿Y si voy por partes? mejor sí, ¿no?

Por fin, tras pelearnos con un montón de inmobiliarias, visitar un montón de pisos de lo más “peculiares” y algún otro que nos ha puesto los dientes largos… ya tenemos piso. Es pequeñito, acogedor, super céntrico, y esperamos que muy bonito. Tendréis que venir para dar vuestra opinión.

Así que llegó el momento de la mudanza. Al final tuvimos suerte y pudimos traer las cosas de Viena al piso nuevo sin tener que pasar por un guardamuebles ni hacer dos mudanzas. Eso, además de tiempo, nos permitió ahorrar y alquilar la furgo “tan sólo” 24 horas. Que menudas 24 horas…

Recoge la mega-furgo a las 7,30 de la mañana, conduce hasta Viena, pilla un graaaan atasco por el trayecto perdiendo más de media hora (en hora y media de camino). Y a por ello.

Menos mal que vino Ana Laura a echarnos una mano (graciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas) pero aún así tardamos unas cuantas horas más de lo que pensábamos… tras toda la paliza, comer un kebab gigante (de los que solemos coger para compartir) a las 4,30 de la tarde ¡y salir pitando para Linz!

La idea inicial era llegar a Linz, descargar, e ir a Ikea a por los armarios, para amortizar la furgo y no tener que volver a coger una más adelante.

Llegamos a Linz con la furgo hasta los topes a las 7 y algo… Ikea cierra a las 9… ¿Imposible? ¡Nunca! 50-minutos-para-descargar-todo-lo-que-podamos, llega-a-Ikea-20-minutos-antes-de-que-cierren, uno-baja-al-almacén-a-por-las-cosas-de-la-lista, la-otra-sube-a-hacer-el-pedido-de-las-puertas, nos-vemos-en-la-caja…

Si, señores, nos hemos comprado un armario de 2,5m x 2,5m en 20 minutos. Y nos ha dado tiempo a llevarnos un molinillo de pimienta sin pagar (sin querer) y tomarnos una cocacola mientras sacaban el pedido.

Y es que llevábamos la lista de artículos hasta con el número de balda escrito. La chica de los armarios alucinó cuando se lo conté…

Pero aquí no acaba la cosa… quedaba descargar lo más gordo. Los armarios de Ikea, que tuvimos que sacar de las cajas para subir tabla a tabla (menos mal que vivimos en un primero…) porque pesan una barbaridad. Media furgoneta de cajas. Los armarios viejos. La lavadora.

Y claro, hubo varios momentos críticos…

Uno cuando Samu insistió que la lavadora se iba al Danubio. Lo repitió y lo repitió hasta que le miré con cara de “o te callas o al Danubio vas tú” (si, todos conocéis esa cara mía). Al final la lavadora está en el trastero. Porque en realidad no la queremos más que para venderla porque aquí ya hay…

El más gordo, cuando no eramos capaces de dar un paso con el armario a cuestas y teníamos que subirlo por la escalera… y ya no podíamos más. 1 de la mañana, desmontar un armario de los que lleva el fondo clavado con clavos en mitad del descansillo y el otro dentro de la furgoneta que estaba casi dentro del portal, es una experiencia que todo fan de Ikea debería vivir… (pedir referencias a los vecinos)

Me quedo como conclusión, con una reflexión en uno de los viajes pa’rriba y pa’abajo… “¡¡Pues si que están bien hechas las casas para no caerse con lo que pesan los muebles!!”

Repostar, comprar 2 sandwiches en la gasolinera para cenar a las 2 y pico de la mañana, devolver la furgo…

Y a las 10 habíamos quedado de nuevo en Viena con la casera para recoger la fianza. Y antes teníamos que llegar con tiempo de recoger “un par de cosas” (el coche lleno otra vez) y limpiar… Pero ya aquí hay poca anécdota, aparte de la pizza en el Vapiano, camino de ida, camino de vuelta, viaje al otro piso de Linz para recoger las cosas… y montar el sofá, la cama y la mesa antes de acostarnos. ¿Quien dijo dolor?

Pero ya. Estamos. Rotos. Contentos. Con una pasta que nos hemos ahorrado en mudanzas (nunca más… hasta la próxima, supongo). Con el salón lleno de cajas. El armario montado pero sin puertas. Y Samu en el Tirol haciendo un curso y dejando que organice yo la casa para encontrársela bonita a la vuelta… los hay con morro 🙂

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Ya estamos aqui: Ruta Madrid-Viena

Finalmente llenamos, no sin trabajo y mucha ayuda, el coche con todo lo que pudimos, y cogimos camino a Viena.

Esta fue nuestra ruta:

Madrid – Roses

Roses – Annecy

Annecy – Innsbruck

Innsbruck – Viena

Pincha aquí para verla con detalle

Han sido 4 días de muchas horas de viaje, pero también de descubrir sitios muy chulos, de poner a prueba el coche y nuestros nervios, de descubrir que en Austria se conduce peor que en Madrid…

El primer día salimos de Madrid casi a la hora de comer, así que pasamos por los chinos, nos aprovisionamos bien, y ¡camino a Roses! El tiempo no acompañaba, y aunque era puente, Roses estaba desierto. El hostal Rom, en el que nos alojamos estaba casi vacío, ya que al día siguiente cerraba temporada. Hostalillo normal y corriente, limpio y la cama cómoda, y buen desayuno, ¿Para que queremos más? Además nos dejaron aparcar el coche en un garaje privado que normalmente tienen reservado a las motos, al mismo precio que el parking. Una cenita en La Sirena, bar de tapas que nos recomendaron en el Hostal, un coctel en el único sitio con algo de ambiente, y a dormir, que después de la mudanza y los kilómetros estabamos molidos.

Día 2: Tras llenar el depósito pasamos la primera frontera: ¡ya estamos en Francia! Parada para comer en Valence. Un pueblo encantador, tranquilo, romántico… a no ser que llegues el día de huelga general en Francia por las pensiones, y encuentres una manifestación que cruza todo el pueblo… De todas formas pudimos disfrutar de un poquito de tranquilidad y unos buenos cafés con Gofre…

A dormir en Annecy. Este pueblo de la alta Alsacia es parada obligatoria para quien pase por aquí. Sus callecitas parecen sacadas de un cuento, junto al lago… una gozada. Y si además lo acompañas con una buena cena típica alsaciana, con una rica tartiflette… Sin palabras. El hotel Best Western nos gustó mucho. Buena relación calidad precio, aunque no quisimos pagar 11€ cada uno por el desayuno y recorrimos el pueblo al amanecer en busca de un café olé con un croissant… No fue mala elección.

Tercer día: Francia, Suiza y Austria. Los paisajes debían de ser impresionantes… pero la densa niebla los tapaba, así que fuimos casi sin pausa hacia el siguiente destino: Innsbruck. Un tunel de 14 kilometros que nos sorprendió porque no nos lo esperabamos, hizo que dejaramos atrás las nubes para llegar a un Tirol que nos esperaba soleado y espléndido. Esta vez para tener garaje cubierto tuvimos que pagar un poco más, pero el Hotel Binders nos encantó. Muy limpio, cuidado, y un desayuno fantástico. Un poco alejado del centro, pero así a la vuelta pudimos bajar la cena: haciendo caso a la guía de Lonely Planet, cenamos en el restaurante chino con más solera y probablemente más fama de la ciudad. Volveremos a por otras hormigas subiendo al árbol y otra ternera crujiente, ¡seguro!

Y última etapa: Innsbruck-Viena. Nos sirvió para ver que estaremos rodeados de grandes zonas de colinas boscosas, ahora mismo con unos colores de otoño preciosos… ¡y que los austriacos conducen fatal! Fatal pero ordenados, eso sí, todos se faltan al respeto por igual y no mantienen distancias de ningún tipo… ¡pero aquí no se mosquea nadie!