Vacaciones en Grecia II

(¿Te has perdido la primera parte del viaje? Pincha aquí)

Día 5 (II): Llegada a Corfú

Ana nos había estado insinuando que íbamos a alucinar al llegar a Corfú. Pero no nos había preparado lo suficiente. Al bajar del ferry nos recogió el señor de la casa, que nos guió por carreteras que no terminaban nunca a lo que parecía el fin del mundo. Si, al llegar a Villa Paramonas, la casa que teníamos alquilada para tres noches, alucinamos.

Terraza con vistas al mar. Piscina y jacuzzi. Zona de barbacoa y bar, con equipo de música, pingpong, zona de comedor… en la piscina. Jacuzzis en las habitaciones. Todo impresionante…

Ir a buscar algo para cenar, comerlo todos juntos, y cinco minutos después ya estábamos todos metidos en el jacuzzi y algunos valientes en la piscina. Suerte que no hacía nada de frío, porque allí estuvimos horas y horas…

Día 6: Corfú

Aunque algunos habíamos prometido no salir de esa casa nunca más, al día siguiente nos fuimos a ver la ciudad de Corfú o Kerkira.

Corfú son carreteras de curvas infinitas, bosques de olivos gigantestos, valles, cipreses, gatos, más olivos retorcidos, más curvas, retorcidas como los olivos, playas, pueblos auténticos… una isla para descubrir con más tranquilidad, y mejor tiempo.

Kerkira nos gustó, aunque en verano tiene que ser un infierno turístico. Callecitas de casas destartaladas con la ropa colgada, miles de tiendas de souvenirs, las fortalezas…

Por la tarde una visita relámpago a Kanoni y de vuelta a la casa, que queríamos ver atardecer desde la terraza. No lo conseguimos, pero casi.

Y luego, relax, barbacoa, y hacer de las nuestras. Esta vez fuimos dioses griegos. Cada uno caracterizado. ¿ Adivináis cuales eramos nosotros?

Día 7: Corfú

El séptimo día estaba reservado para conocer la costa norte de la isla. Pero el día amaneció nublado, con viento y frío. Lo que debían ser aguas turquesas eran fondos grises. Las playas desiertas nos parecían abandonadas. Lo que debía haber sido un día precioso pasó sin pena ni gloria… habrá que volver, seguro.

Café Frapé, charlas y despedirse de la casa, que el día siguiente se presenta duro.

Día 8: Peloponeso

Tras coger el primer ferry nos tocaba una buena sesión de carretera, para llegar a la siguiente sorpresa. Un tren de cremallera que lleva a Kalavrita. Una hora de ascenso a lo largo de un barranco, con los preciosos colores del otoño, el aire fresco entrando por la ventana, disfrutando del paisaje y riendo muchísimo con nuestras tonterías y las del conductor, que estaba encantado de que Laura le tocara el pito (Juanjo, tú no leas esto…).

Al llegar arriba nuestros dos guías tuvieron que bajarse a por los coches para poder seguir al día siguiente la ruta, y los demás nos dimos un paseo por la zona y les esperamos tomando un cafecito, porque había más sorpresas.

Resulta que en el hotel de Kalavrita, también había spa. Pues nada, habrá que seguir sufriendo, entre chorritos, saunas, masajes en cadena y coronas de laurel, que ya no nos quitamos…

Día 9: Peloponeso

Cave of the Lakes. Visitar unas cuevas cuyo mayor reclamo es un lago subterráneo, pagar 9€, que la guía además de no hablar inglés sea una sosa y que el lago esté seco te deja mal sabor de boca para un buen rato.

Pero quedaba mucho día por delante. La fortaleza de Nauplio, con las vistas del mar turquesa, la costa, el sol.

Atravesar carreteras con cientos de naranjos, que daban ganas de parar el coche y coger algunas naranjas (porque estaban verdes, que si no…)

Llegar a Micenas y que esté cerrado, así que correr hasta Corinto, para subir a Acrocorinto antes de que se haga denoche. Una fortaleza que comenzó siendo templo de Afrodita y que albergó después todo tipo de culturas. En su interior hay restos desde de una iglesia a una mezquita. Y ver atardecer. Y comer a las 5 y mucho a la salida…

Un paseo por Loutraki, unas cervezas y cenar pescadito frito…

Día 10: Peloponeso-Atenas

Nos habíamos dejado muchas cosas sin ver. Así que aunque el último día estaba dedicado a relajarse, pasear y darse un buen baño, decidimos que nos volvíamos a ver lo que nos había quedado en el tintero.

Primera parada, Micenas. Probablemente las ruinas que más me han gustado. Con más de 3000 años de antigüedad, es impresionante cómo se conservan construcciones como la tumba Agamenón, la puerta de los leones o el aljibe.

Epidauro. Con el anfiteatro impresionante, y otro montón de edificaciones, de las que están restaurando parte y dan una buena imagen de lo que fue. Una pena que no pudimos verlo con calma, pero el día es corto en noviembre y tiene que dar tiempo a todo.

El canal de Corinto es corto, pero impresionante. Menos de 7km de tierra separan el mar Egeo con el Golfo de Corinto. Un corte en la roca de 23 metros de ancho y más de 40m de profundidad permite el paso…

Y ver anochecer desde el agua. Bañándonos en el mar Egeo entre las ruinas del templo de Hera, erizos de mar y peces. Un final para recordar…

Pero todavía quedaba volver a Atenas y hacer un fin de fiesta como se merecía, aunque nos costara encontrar un bar en condiciones…

Día 11: Souvenirs y despedidas. 

Esto es sólo un mini-resumen. El viaje ha sido mucho más. Risas, saltos, siestas, fotos, comida riquísima, amigos, aprender palabras en griego (o algo así), transportar una sandía gigante en la furgo durante días, miles de gatos, pelearnos por los tardones, la adicción al Whatsapp o el chandal, masajes, pagar los peajes con las coronas de laurel puestas, descubrir el lado kamikaze de Sergio, más risas, agua marca Quechua, historia, aceitunas, feta gratinado, cervezas, hacer sonar el “chipirón” por los pueblos… pero todas esas historias hay que contarlas con una cerveza delante…

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Vacaciones en Grecia

Hace una semana que volvimos de vacaciones. 11 amigos, 11 días, Grecia continental.

Grecia no me ha enamorado. Pienso volver, pero no ha sido uno de esos sitios que te hace suspirar al recordarlo. Pero el viaje ha sido genial. Todo lo que hemos visto, la comida, la historia, los paisajes, la gente y por supuesto, la compañía.

Atenas, Delfos, Meteora, Zagoria, Corfú y Peloponeso. ¿Vamos por partes?

Día 1: Llegada a Atenas, paseos y reencuentros

Lo mejor del viaje, la compañía. E ir reencontrándonos con todos, poco a poco, fue genial. España, Austria y Mexico, con destino a Atenas.

El día dio para poco, con el insufrible tráfico de la ciudad. Alquilar los coches, ir al hostal, paseo para ver de lejos la Acrópolis, cena, karaoke y para algunos unos cuantos bailes más.

Día 2: Atenas – Delfos

La mañana estaba reservada para la Acrópolis, el Ágora griega, e ir a recoger a Laura, la última en llegar.

Lo que más impresiona de estas ruinas es imaginar lo que fue todo en su día. El tamaño de los pilares, el color de la piedra y el mármol, la grandiosidad de todo. Una pena no haber tenido tiempo de ver más y de visitar el museo de la Acrópolis, pero tiene pinta de que se necesita un día completo para verlo. Volveremos.

Próxima parada Delfos. Pasamos de los casi 30º a los 8º en las montañas… comienzan los cambios de tiempo. Y también las cenas griegas. Primeros contactos con el feta, la ensalada griega, souvlaki, dolmades… vaya semana rica nos espera.

Día 3: Delfos – Kalambaka

Las ruinas de Delfos me encantaron. Por los restos de lo que fue, por lo que queda, por la historia del lugar (la gente peregrinaba desde todo el mundo para hacer sus preguntas al oráculo, y el lugar pronto se convirtió en una gran centro religioso, con su anfiteatro, su estadio…), por el museo y por el paisaje. Aunque nos dejamos sin ver el templo de Atenea…

Una cerveza con vistas fantásticas, comer de camino, y volvernos locos buscando el paso de las Termópilas. Sabíamos que no había nada, que hay tan sólo una figura de Leónidas, lejos del paso y lejos del mar, que ha retrocedido unos kilómetros… pero teníamos que hacer la foto tonta de rigor.

Unas horas más de carretera a Kalambaka. El hostal estaba junto a los grandes peñones que daban una pista de lo que nos esperaba al día siguiente. Pero de momento, a cenar rico, y unos a dormir y otros a bailar, como siempre.

Día 4: Meteora – Zagoria

Meteora es simplemente espectacular. Son una serie de monasterios encaramados en la cima de unas formaciones rocosas de un paisaje que deja sin palabras. Hasta hace unos 100 años (o menos) no estaban construídos los puentes y las escaleras que hoy llevan a su interior, y los monjes o monjas subían colgando en una red, igual que las provisiones.

Por 2€ cada monasterio, merece la pena entrar en todos los que de tiempo. Aunque visto el “Gran Meteoro”, el más grande y primero de todos ellos, ya no sorprenden, las vistas desde cada uno son distintas y el pequeño pueblo de su interior también. A destacar las iglesias ortodoxas y sus pinturas, que no habíamos visto ninguna similar aún y nos sorprendieron mucho.

Un paisaje mágico que da pena dejar atrás, después de comer en un “comedor” privilegiado  hasta la zona de Zagoria, el próximo destino.

Día 5: Zagoria/Vikos-Aoos – Corfú

Todo el día lloviendo, un problema con la furgo que nos retrasó la hora de salir… pero no se empañó el día de la visita a la garganta de Vikos. Nos despertamos en Monodendri, cerca del monasterio con unas vistas espectaculares del que dicen que es el cañón más profundo del mundo en relación a la distancia entre sus paredes. Más de uno habríamos tomado la ruta que sale desde aquí y lleva durante 7 horas hasta la otra punta de la garganta…

Una parada en el mirador de Vikos, para ver otra perspectiva del cañón, y seguimos hacia Papingo y Mikro-Papingo, dos pueblitos de piedra muy bonitos, donde termina la ruta a pie. Pero de camino nos sorprende el paso del río, que con unos colores amarillos naranjas y turquesas nos hizo parar, saltar, sorprendernos y hacernos miles de fotos, a pesar de las prisas, el frío y la lluvia.

Entre Papingo y Mikro-Papingo, las piscinas naturales, otra sorpresa más que esconde este parque natural.

Más fotos de pueblitos, comer rico, volver hasta Kipi a ver por lo menos uno de sus famosos puentes, y carretera a ver si llegábamos al ferry…

Próximo destino, Corfú.

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