Nieve en Gauermannhütte

Hoy en Viena había un plan estupendo: brunch en buena compañía. Y además anunciaban mal tiempo. Pero nos han podido las ganas. El último día de nieve fue tan bonito que teníamos aún el recuerdo y no queríamos que pasase otra semana sin pasear por los bosques de Viena con las raquetas.

Al final las raquetas se han quedado en el coche, no parecía que hubiera mucha nieve. Y aunque no las hemos echado de menos, nieve había, y mucha.

La subida ha sido preciosa, entre pinos, sin cruzarnos con nadie hasta el final, una pareja de locos como nosotros, los dueños de las huellas que veníamos siguiendo todo el camino.

Vistas sobre un acantilado impresionante, y aunque panorama oscuro, nada de frío, nieve fácil de pisar (menos cuando te hundías 50cm en ella…), encantados.

Pero casi arriba del todo, hemos notado que en el valle del acantilado, la cosa cambiaba. Viento, niebla, nieve. En nuestro lado de la montaña, paz. De esa que transmiten los paisajes nevados. Pero era asomarse al barranco y pensar que aquello era otro mundo.

En estas fotos podéis ver el estado de la cabaña en la que pensábamos tomarnos un chocolate, si, si, eso es la puerta, cubierta de nieve. Y también a Samu con las “vistas” del valle, el mismo que se ve en la primera foto. Por suerte, el “refugio de invierno” estaba abierto, y hemos podido comer en seco, que la cosa se iba poniendo fea…

La bajada nevando todo el rato, pero sin resto del viento que azotaba arriba, tranquilo, con la nieve cayendo sobre las ramas, silencio, naturaleza, paz.

[Chicos, seguro que el Brunch estaba buenísimo, y tenemos muchas ganas de veros a todos… pero ha merecido la pena]

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