Vacaciones en Grecia

Hace una semana que volvimos de vacaciones. 11 amigos, 11 días, Grecia continental.

Grecia no me ha enamorado. Pienso volver, pero no ha sido uno de esos sitios que te hace suspirar al recordarlo. Pero el viaje ha sido genial. Todo lo que hemos visto, la comida, la historia, los paisajes, la gente y por supuesto, la compañía.

Atenas, Delfos, Meteora, Zagoria, Corfú y Peloponeso. ¿Vamos por partes?

Día 1: Llegada a Atenas, paseos y reencuentros

Lo mejor del viaje, la compañía. E ir reencontrándonos con todos, poco a poco, fue genial. España, Austria y Mexico, con destino a Atenas.

El día dio para poco, con el insufrible tráfico de la ciudad. Alquilar los coches, ir al hostal, paseo para ver de lejos la Acrópolis, cena, karaoke y para algunos unos cuantos bailes más.

Día 2: Atenas – Delfos

La mañana estaba reservada para la Acrópolis, el Ágora griega, e ir a recoger a Laura, la última en llegar.

Lo que más impresiona de estas ruinas es imaginar lo que fue todo en su día. El tamaño de los pilares, el color de la piedra y el mármol, la grandiosidad de todo. Una pena no haber tenido tiempo de ver más y de visitar el museo de la Acrópolis, pero tiene pinta de que se necesita un día completo para verlo. Volveremos.

Próxima parada Delfos. Pasamos de los casi 30º a los 8º en las montañas… comienzan los cambios de tiempo. Y también las cenas griegas. Primeros contactos con el feta, la ensalada griega, souvlaki, dolmades… vaya semana rica nos espera.

Día 3: Delfos – Kalambaka

Las ruinas de Delfos me encantaron. Por los restos de lo que fue, por lo que queda, por la historia del lugar (la gente peregrinaba desde todo el mundo para hacer sus preguntas al oráculo, y el lugar pronto se convirtió en una gran centro religioso, con su anfiteatro, su estadio…), por el museo y por el paisaje. Aunque nos dejamos sin ver el templo de Atenea…

Una cerveza con vistas fantásticas, comer de camino, y volvernos locos buscando el paso de las Termópilas. Sabíamos que no había nada, que hay tan sólo una figura de Leónidas, lejos del paso y lejos del mar, que ha retrocedido unos kilómetros… pero teníamos que hacer la foto tonta de rigor.

Unas horas más de carretera a Kalambaka. El hostal estaba junto a los grandes peñones que daban una pista de lo que nos esperaba al día siguiente. Pero de momento, a cenar rico, y unos a dormir y otros a bailar, como siempre.

Día 4: Meteora – Zagoria

Meteora es simplemente espectacular. Son una serie de monasterios encaramados en la cima de unas formaciones rocosas de un paisaje que deja sin palabras. Hasta hace unos 100 años (o menos) no estaban construídos los puentes y las escaleras que hoy llevan a su interior, y los monjes o monjas subían colgando en una red, igual que las provisiones.

Por 2€ cada monasterio, merece la pena entrar en todos los que de tiempo. Aunque visto el “Gran Meteoro”, el más grande y primero de todos ellos, ya no sorprenden, las vistas desde cada uno son distintas y el pequeño pueblo de su interior también. A destacar las iglesias ortodoxas y sus pinturas, que no habíamos visto ninguna similar aún y nos sorprendieron mucho.

Un paisaje mágico que da pena dejar atrás, después de comer en un “comedor” privilegiado  hasta la zona de Zagoria, el próximo destino.

Día 5: Zagoria/Vikos-Aoos – Corfú

Todo el día lloviendo, un problema con la furgo que nos retrasó la hora de salir… pero no se empañó el día de la visita a la garganta de Vikos. Nos despertamos en Monodendri, cerca del monasterio con unas vistas espectaculares del que dicen que es el cañón más profundo del mundo en relación a la distancia entre sus paredes. Más de uno habríamos tomado la ruta que sale desde aquí y lleva durante 7 horas hasta la otra punta de la garganta…

Una parada en el mirador de Vikos, para ver otra perspectiva del cañón, y seguimos hacia Papingo y Mikro-Papingo, dos pueblitos de piedra muy bonitos, donde termina la ruta a pie. Pero de camino nos sorprende el paso del río, que con unos colores amarillos naranjas y turquesas nos hizo parar, saltar, sorprendernos y hacernos miles de fotos, a pesar de las prisas, el frío y la lluvia.

Entre Papingo y Mikro-Papingo, las piscinas naturales, otra sorpresa más que esconde este parque natural.

Más fotos de pueblitos, comer rico, volver hasta Kipi a ver por lo menos uno de sus famosos puentes, y carretera a ver si llegábamos al ferry…

Próximo destino, Corfú.

(¿Quieres saber cómo sigue? Pincha aquí)

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  1. Pingback: Vacaciones en Grecia II | Rumbo a Viena

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