Otoño en Eisenstein

El otoño me encanta. Pero a veces se me olvida.

Este año tenía la sensación de no haber aprovechado el verano aquí lo suficiente cuando vi caer las primeras hojas. Y me dio por pensar en los cortos días de invierno, en los largos meses de invierno… y no quería, de ninguna manera, que llegara el otoño, y sobretodo, que se fuera.

Pero después de la excursión en barco por el Danubio y el paseo de la semana pasada, ya me había reconciliado con una de mis estaciones preferidas.

Pero entonces llegó la excursión de ayer… y el otoño volvió a engancharme del todo.

Salimos de casa con unos 0 grados. Y a medida que nos fuimos adentrando en valles sombríos la temperatura fue bajando. Cuando llegamos al destino, sobre las 11 de la mañana, había una diferencia tremenda entre dónde había dado el sol y dónde no… había paisajes en blanco y negro.

Pero el sol calentaba con fuerza, de manera que durante la subida no pasamos ni gota de frío. A pesar de que las hojas heladas del camino decían lo contrario.

Un día de otoño en todo su esplendor. Al fondo la niebla. Arriba, el cielo azul. En en suelo, la tierra helada. Hojas, piñas, hojas, frutos…

La excursión, de 4 horas y media, preciosa, para repetir en verano, con el paisaje tan diferente. Sin ser paliza pero lo suficiente para volver a casa contentos, con las mejillas frías y la sonrisa en la cara…

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