Primeros días en Viena

Y bueno, después del viaje, ya estamos aquí.

Me preguntaba Carmen a ver si está siendo muy duro. Y me he dado cuenta de que sí, debería serlo, sobretodo al principio, como dice ella…

Pero la verdad es que no. Creo que ahora mismo mi cabeza está como en unas vacaciones. Probablemente si hubiéramos cogido un vuelo, habría sido más como un punto y aparte. Pero la mudanza acelerada (al final no había tiempo, siempre pasa, ¿verdad María?), venir en coche visitando ciudades,  3 días en un piso, ahora 3 semanas en otro, maletas para arriba y para abajo, busca piso, busca teléfono, busca internet… Lo dicho, no estoy situada.

Aquí los días son muy cortitos, pero como Samu sale de trabajar sobre las 4, tenemos aún un par de horas para visitar la ciudad, conocer barrios, intentar comprar algo antes de que cierren todo…

Llegamos a Viena el jueves a la tarde, y el viernes, como os contó Samu, empezó a trabajar, o más bien hizo acto de presencia… Y por la noche me invitó a cenar el típico plato vienés: Snitzel. Había un sitio que le habían recomendado como auténtico, y de verdad que lo era…

El sitio estaba repleto de austriacos comilones sentados tras platos inmensos de carne… Tuvimos que pelearnos un poco para que el camarero nos dijera por señas que nos tiráramos a una mesa que viéramos libre. Y para la carta… tiramos de diccionario. Medio escondido debajo de la mesa, claro, que nosotros ya pasamos por autóctonos.

Después de cachito a cachito traducir Fledermaussnitzel como “Snitzel de murciélago”… pedimos ayuda a los de la mesa de al lado. Que bueno, en realidad era la misma mesa, que aquí se comparte mesa si se cabe….

Creímos que no podríamos con todo, y los de al lado también lo creían! Detalle importante: si algo lo quieres para más tarde, puedes pedir un papelito, te lo envuelven, y ¡para casa! ¡Y en este sitio, mucha, mucha gente lo hacía!

Así que decidimos el sábado guardar la línea y estar tranquilitos. Dedicamos la mañana a buscar piso, la tarde a pasear por el Prater (fotos del comienzo)… y a las 6,30 habíamos quedado con Susi. Venía con Christopher y nos preguntaron si era demasiado pronto para nosotros para cenar! Ya nos iremos adaptando…

Fuimos a tomar algo a uno de los sitios favoritos de Susi, el Palmerhaus, que otro día os lo cuento, me encantó.

Y a cenar, ligerito: Goulasch Museum. Otro sitio para anotar donde tampoco se come nada mal…

Por si todo esto fuera poco el domingo nos invitaron a merendar, a casa del profesor de Samu y su mujer. Fue una merienda de lo más otoñal, crema de calabaza y luego castañas asadas, todo ello delante de la chimenea… una gozada.

Pero no os creáis, hacemos más cosas además de comer y comer, pero eso ya os lo contamos otro día que aquí se acuestan muy pronto… y ya estamos trasnochando.

Besitos desde Viena

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5 pensamientos en “Primeros días en Viena

  1. ¡¡¡¡Hay que ver como sufrís!!!!. Me alegro que lo paséis tan bien. Oye y eso del Snitzel ¿qué lleva?…. Seguid contando. Besos

  2. Pingback: Budapest-Viena-Alpes: una semana fantástica | Rumbo a Viena

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