Niebla de otoño

Os dije que el fin de semana pasado me había reconciliado con el otoño, pero no os dje porqué.

Este último fin de semana disfrutamos de un día de otoño precioso, fresco pero con el sol fuerte, con niebla baja y buenas vistas…

Pero el sábado anterior tuvimos un día de frío, en el que la niebla estaba metida en el bosque creando juegos de luces, oscuridad, contrastes…

Hice fotos y fotos hasta que Samu se aburrió. Y luego… seguí haciendo fotos.

Las hojas del suelo, los troncos, las ramas, los bancos… todo estaba cubierto de niebla y humedad. Otoño.

Pero la niebla estaba literalmente metida dentro del bosque. O si no mirad la siguiente foto…

Luego pudimos disfrutar de un poco de sol, vistas, un paseo más tranquilo…

No dejó de hacer frío en ningún momento, y se nos hizo denoche antes de llegar al coche, pero volví a pensar eso de “adoro el otoño”.

Otoño en Eisenstein

El otoño me encanta. Pero a veces se me olvida.

Este año tenía la sensación de no haber aprovechado el verano aquí lo suficiente cuando vi caer las primeras hojas. Y me dio por pensar en los cortos días de invierno, en los largos meses de invierno… y no quería, de ninguna manera, que llegara el otoño, y sobretodo, que se fuera.

Pero después de la excursión en barco por el Danubio y el paseo de la semana pasada, ya me había reconciliado con una de mis estaciones preferidas.

Pero entonces llegó la excursión de ayer… y el otoño volvió a engancharme del todo.

Salimos de casa con unos 0 grados. Y a medida que nos fuimos adentrando en valles sombríos la temperatura fue bajando. Cuando llegamos al destino, sobre las 11 de la mañana, había una diferencia tremenda entre dónde había dado el sol y dónde no… había paisajes en blanco y negro.

Pero el sol calentaba con fuerza, de manera que durante la subida no pasamos ni gota de frío. A pesar de que las hojas heladas del camino decían lo contrario.

Un día de otoño en todo su esplendor. Al fondo la niebla. Arriba, el cielo azul. En en suelo, la tierra helada. Hojas, piñas, hojas, frutos…

La excursión, de 4 horas y media, preciosa, para repetir en verano, con el paisaje tan diferente. Sin ser paliza pero lo suficiente para volver a casa contentos, con las mejillas frías y la sonrisa en la cara…