Alpstein y Trämpl

Hace un par de semanas hicimos nuestra primera ruta de verdad en Alta Austria. Dos picos uno frente al otro. Un tiempo que no terminaba de ser bueno pero que nos respetó y nos dejó disfrutar de unas vistas preciosas. Seis horas y media para ir arrancando motores para el verano que nos espera.

La subida, a través de un hayedo frondoso y precioso. Una buena subida, pero la tranquilidad de no cruzarte a nadie en casi todo el día, silencio absoluto, la penumbra del bosque frondoso. Y ratoncitos, pájaros carpinteros y salamandras que nos acompañaron en la ruta.

Al salir del bosque y llegar a las praderas ya se empiezan a percibir las vistas que vamos a tener. Desde el collado que separa el Alpstein y el Trämpl se ve la subida que nos queda por delante. Pero lo que no creemos es que vamos a tener que dejar los palos a medio camino para subir el último tramo a cuatro patas agarrados a las rocas. Y que 5 minutos antes de llegar arriba se va a poner a nevar. Poco, pero nieve a mitad de mayo…

Foto de rigor en Alpstein (1443m) y bajar que ya aprieta el hambre. Y que deje de nevar al comenzar el descenso…

Comida rápida y a por el Trámpl (1424m), esto ya está hecho. Si no hubiera que atravesar un nevero resbaladizo… y se pusiera a nevar de nuevo arriba (¿la barrera de los… 1400m?).

Pero después de la sorpresa, paró el viento, o comenzó a llegar una brisa tibia desde el valle que nos permitió, después de haber tenido que comer a todo correr porque nos helábamos en el collado, poder estar todo el tiempo que quisiéramos maravillándonos con los paisajes… y con una temperatura perfecta. Así da gusto…

PD: ¡Ya tenemos piso!

Nieve en Gauermannhütte

Hoy en Viena había un plan estupendo: brunch en buena compañía. Y además anunciaban mal tiempo. Pero nos han podido las ganas. El último día de nieve fue tan bonito que teníamos aún el recuerdo y no queríamos que pasase otra semana sin pasear por los bosques de Viena con las raquetas.

Al final las raquetas se han quedado en el coche, no parecía que hubiera mucha nieve. Y aunque no las hemos echado de menos, nieve había, y mucha.

La subida ha sido preciosa, entre pinos, sin cruzarnos con nadie hasta el final, una pareja de locos como nosotros, los dueños de las huellas que veníamos siguiendo todo el camino.

Vistas sobre un acantilado impresionante, y aunque panorama oscuro, nada de frío, nieve fácil de pisar (menos cuando te hundías 50cm en ella…), encantados.

Pero casi arriba del todo, hemos notado que en el valle del acantilado, la cosa cambiaba. Viento, niebla, nieve. En nuestro lado de la montaña, paz. De esa que transmiten los paisajes nevados. Pero era asomarse al barranco y pensar que aquello era otro mundo.

En estas fotos podéis ver el estado de la cabaña en la que pensábamos tomarnos un chocolate, si, si, eso es la puerta, cubierta de nieve. Y también a Samu con las “vistas” del valle, el mismo que se ve en la primera foto. Por suerte, el “refugio de invierno” estaba abierto, y hemos podido comer en seco, que la cosa se iba poniendo fea…

La bajada nevando todo el rato, pero sin resto del viento que azotaba arriba, tranquilo, con la nieve cayendo sobre las ramas, silencio, naturaleza, paz.

[Chicos, seguro que el Brunch estaba buenísimo, y tenemos muchas ganas de veros a todos... pero ha merecido la pena]

Carta al Olentzero

Olentzero Maitea…

No se si este año he sido buena o no. Se que ha sido un año muy especial, pero no se si me merezco muchos regalos. Pero por si acaso quieres regalarme algo y no sabes el qué, yo te doy ideas. Puedes regalarme unas botas de monte nuevas.

Porque las mías están viejitas. Tienen ya unos cuantos años, pero este último han viajado a Perú, han hecho un montón de excursiones por Austria… y ayer se fueron a la nieve.

En primavera habíamos intentado subir al Tonion, pero nos echó la lluvia. Así que teníamos en mente volver. Ayer amaneció despejado y queríamos pisar un poco de nieve… recordabamos una subida fuerte pero fácil, con un camino muy marcado… así que probamos a subir de nuevo, en busca de nieve.

La nieve la encontramos ya por el camino. En el coche la temperatura marcaba -11º, casi que apetecía más buscar un sitio para tomar un café calentito…

Nada más comenzar a subir, ya vimos que debía de haber nevado mucho el fin de semana, porque el camino estaba sin pisar. Se notaba algún rastro más hundido, las rodadas de algún tractor… pero pisadas sólo de conejos.

Cuando el camino sale de la pista y empieza a subir entre pinos, con el sol calentando, la subida, los carámbanos de hielo… ya creíamos que no podía regalarnos mucho más el día, aquello era precioso.

Pero luego llegamos a la pradera… dónde los animales eran los únicos que se habían animado a pasear a sus anchas. Nieve hasta la rodilla, tirarse sin miedo, subir abriendo camino… Sol, pinos, nieve.

Dos horas y media después de salir del coche llegamos a la cabaña, que parecía una casita de chocolate en medio de un manto de azúcar.

El Tonion nos miraba desafiante, pero lo dejamos para otra vez. Porque, querido Olentzero, después de dos horas, mis botas calan. Y porque aquí los días son muy cortitos, y no nos iba a dar tiempo. Y porque ya no conocíamos el camino (hasta este mismo punto llegamos la otra vez). Y porque es bonito que siga siendo un reto pendiente.

La bajada con pena, por dejar atrás el silencio, la tranquilidad, la nieve… Pero con alegría por poder mover de nuevo los dedos al entrar en calor… y pensando en el chocolate que nos íbamos a tomar.

Porque al llegar al coche, y a pesar de que habíamos pasado calor y pensábamos que había subido muchísimo la temperatura, marcaba -7º. Porque Mariazell es un pueblo precioso para tomar un buen chocolate acompañado de lebkuchen de chocolate….

Así que querido Olentzero, si no llego a tiempo para las botas nuevas, te pido que el año que viene esté lleno de días como el de ayer. Días en que te sientes privilegiado, sonriente, feliz. La nieve hasta las rodillas y el sol pegando fuerte. Colores, contrastes y luces.

Zorionak a todos

Niebla de otoño

Os dije que el fin de semana pasado me había reconciliado con el otoño, pero no os dje porqué.

Este último fin de semana disfrutamos de un día de otoño precioso, fresco pero con el sol fuerte, con niebla baja y buenas vistas…

Pero el sábado anterior tuvimos un día de frío, en el que la niebla estaba metida en el bosque creando juegos de luces, oscuridad, contrastes…

Hice fotos y fotos hasta que Samu se aburrió. Y luego… seguí haciendo fotos.

Las hojas del suelo, los troncos, las ramas, los bancos… todo estaba cubierto de niebla y humedad. Otoño.

Pero la niebla estaba literalmente metida dentro del bosque. O si no mirad la siguiente foto…

Luego pudimos disfrutar de un poco de sol, vistas, un paseo más tranquilo…

No dejó de hacer frío en ningún momento, y se nos hizo denoche antes de llegar al coche, pero volví a pensar eso de “adoro el otoño”.

Otoño en Eisenstein

El otoño me encanta. Pero a veces se me olvida.

Este año tenía la sensación de no haber aprovechado el verano aquí lo suficiente cuando vi caer las primeras hojas. Y me dio por pensar en los cortos días de invierno, en los largos meses de invierno… y no quería, de ninguna manera, que llegara el otoño, y sobretodo, que se fuera.

Pero después de la excursión en barco por el Danubio y el paseo de la semana pasada, ya me había reconciliado con una de mis estaciones preferidas.

Pero entonces llegó la excursión de ayer… y el otoño volvió a engancharme del todo.

Salimos de casa con unos 0 grados. Y a medida que nos fuimos adentrando en valles sombríos la temperatura fue bajando. Cuando llegamos al destino, sobre las 11 de la mañana, había una diferencia tremenda entre dónde había dado el sol y dónde no… había paisajes en blanco y negro.

Pero el sol calentaba con fuerza, de manera que durante la subida no pasamos ni gota de frío. A pesar de que las hojas heladas del camino decían lo contrario.

Un día de otoño en todo su esplendor. Al fondo la niebla. Arriba, el cielo azul. En en suelo, la tierra helada. Hojas, piñas, hojas, frutos…

La excursión, de 4 horas y media, preciosa, para repetir en verano, con el paisaje tan diferente. Sin ser paliza pero lo suficiente para volver a casa contentos, con las mejillas frías y la sonrisa en la cara…

Y llega el otoño

Estamos volviendo a rutina después de un mes de lo más ajetreado.

Después de la última escapada a las montañas estábamos pensando en aprovechar algún fin de semana más y acercarnos hasta la playa (la austriaca no, evidentemente) cuando tuvimos un pequeño percance: murió la lavadora.

Si en una lavadora de carga superior la puerta decide abrirse a medio camino en el centrifugado… el desastre es absoluto. Que lo sepáis. El tambor siguió girando abriendose como una lata de sardinas hasta que se atascó del todo y quedó totalmente clavado. Y saltaron piezas por los aires. Todo esto lo vimos cuando Samu destrozó el compartimento para el agua a martillazos en un intento desesperado por recuperar la ropa…

Así que la inversión para el viaje se quedó en una lavadora nueva. Pero pronto tuvimos visitas, así que encantados.

Rosa y Santi, los primeros. Primera sesión de Ópera, Käsekreiner, Schnitzel, Cafe Central, Prater, paseos… y bici por el Danubio, y día de campo en Rax, y merienda en un Heuriger en las montañas… Espero que ellos se fueran tan contentos como nosotros nos quedamos.

Y reponte rápido, que el mismo día que se fueron, llegaron Andrea y Rafa. Y más Schnitzel, y Prater, y Käsekreiner, y Cafe Central, y Danubio…

Pero también fin de semana en Praga, que nos encantó. Un poco pasado por agua, pero precioso.

Espero que no os hayáis cansado de leer nuestras aventuras, porque aún quedan dos semanas intensas en España. Viena-Madrid-Villarrobledo-Madrid-Bilbao-Madrid-Bilbao-Santander-Bilbao-Madrid-Viena. Sí, dos semanas.

Dos semanas de reencuentros, de comilonas, de disfrutar de la familia, los amigos, el buen tiempo. Cumpleaños, Tapas&Blogs, baño en la playa en octubre (¡¡si!!), más comilonas, cañas, cafés… ¡y dos bodas!

Las dos tan diferentes, y tan estupendas. Las novias radiantes, los novios orgullosos, las comidas genial, los bailes divertidos (cada vez bailamos mejor, ¿verdad Samu?) los amigos estupendos…

Un mes intenso no, lo siguiente. Este fin de semana lo hemos pasado durmiendo. Porque ya estamos de vuelta, y el otoño que nos había estado dando tregua ha llegado implacable. Y mi primer constipado con él…

 

Fin de semana en Salzkammergut (cont. 2): Alrededores de Dachstein

Después de un bañito en el lago ya estabamos preparados para volver a calzarnos las botas y caminar hasta nuestro destino de la tarde: el refugio de Wiesberghaus.

Para ello nos dirigmos de nuevo al funicular. Desde el pueblo de Obertraun parte un funicular que sube a las alturas, esta vez hasta más de 2000m de altitud. Aunque hacer los tres tramos del mismo cuesta casi 25€ (subida y bajada) es muy popular debido a lo preparado del terreno para visitantes, familias y montañeros.

Arriba del primer tramo, a 1350m, se encuentran las dos cuevas de la zona, un importante punto turístico: la Dachstein Eishöhle o cueva de hielo y la gran Mammuthöhle o cueva del mamút. Las dos ofrecen una visita de una hora cada una con muy buena pinta. (Toda la información aquí).

El segundo tramo sube hasta los 2060m. A un paseo de unos 20 minutos se encuentra el impresionante mirador de 5fingers, o 5 dedos: unas pasarelas colgadas en el vacío sobre el lago. También está preparado con distintas zonas de recreo y descanso, y desde aquí parte alguna ruta corta de un par de horas.

Nosotros fuimos directamente hasta el tercer tramo, que baja de nuevo hasta los 1800m de altura (No merece la pena cogerlo a no ser que vayas a hacer alguna ruta que parta desde este punto). Nos esperaban por delante dos horas de caminata hasta llegar al refugio.

El valle estaba ya totalmente solitario a pesar del fantástico (y caluroso) día, pero es que habíamos tomado el último funicular de la tarde, y era lunes: calma, paz, atardecer y sonidos de la naturaleza para nosotros sólos.

El camino hasta el refugio de Wiesberghaus es como un paseo entre jardines. Y más cuando va cayendo la tarde y los colores y luces del atardecer lo inundan todo. Aunque nos costó lo nuestro, estabamos ya agotados, disfrutamos muchísimo del tranquilo y precioso camino, ya casi sin calor.

Y es que mi cuerpo estaba confundido: si tú le das una caminata de 5 horas, que luego termina en una comida mirando al lago, un baño refrescante y un helado, él, pobrecito y machacado, entiende que la jornada se da por concluida; volver a calzarte las botas, ponerte el mochilón y andar durante dos horas por un camino ondulante, por muy bonito que sea, no es lo que espera.

Y tras ver flores, marmotas, pájaros, rocas calizas y sus impresionantes formaciones, fósiles y una preciosa tarde de verano, por fin apareció el refugio de Wiesberghaus. Grande, cuidadísimo, y con alegres austriacos que nos recibieron con risas, tomando ponche en la terraza.

Ahora sí toca por fin descansar, cenar (escondidos de los del refugio, que nos tentaban con sus platos humeantes y sus pasteles recién hechos, y nos amenazaban con mandarnos a dormir a la calle si no cenábamos con ellos) y leer un rato, antes de ver como se mete el sol y subir a dormir. ¿Se nota que estábamos felices, no?

A la mañana siguiente nos espera otra buena caminata. Primera parada, Simonyhütte, la cabaña más cercana a Hohe Dachstein. Hora y media de buena subida para comenzar el día con energía. Cuando te vas acercando, el refugio aparece colgado sobre el precipicio, inalcanzable, pero el camino pronto da un rodeo y sube hasta él, desde donde la vista de los glaciares es fabulosa.

No podremos subir al pico, ni atravesar el glaciar, pero pensamos acercarnos hasta él. El camino parte fácil desde el refugio, por el interior del circo. Pero al de un rato encontramos un cartel sobre el que alguien ha escrito “resbaladizo”. A partir de allí ya no hay camino. Tan sólo marcas sobre las rocas que tienes que esforzarte en alcanzar. Las botas se agarran a la piedra caliza seca como pies de gato, por lo durante dos horas saltamos, trepamos, subimos y casi escalamos por las rocas, agotados, divertidos, pensando en cómo bajaremos de allí…

El glaciar es enorme, y aunque casi no logramos llegar a él (no llegamos a tocarlo) el esfuerzo ha valido la pena. La bajada se nos hace muy fácil y rápida, y comenzamos a darnos cuenta de lo cansados que estamos al volver hacia el camino. (ojo, con lluvia o suelo mojado esta ruta es impracticable…)

Pero tan sólo nos queda una vuelta de un par de horas hasta el funicular, y es de bajada, así que estamos tranquilos. Pero no es así. El camino, muy bonito también es ondulado y serpenteante, entre enormes piedras calizas que ir saltando, pensando a cada paso donde pondrás el pie en el siguiente… Subir y bajar dando zancadas durante otras tres horas es más de lo que esperábamos, y llegamos a uno de los últimos funiculares de la tarde sedientos y cansados, con ganas de tirar la mochila por un barranco o quedarnos a dormir allí… pero contentos.

Tras una larga bajada de los tres funiculares asaltamos el supermercado de Obertraun: Un helado para cada uno, un litro y medio de agua, una cocacola, un nestea y un apfelsaft gespritzt. Y nos lo tomamos todo de nuevo frente al lago, con la luz del atardecer de frente esta vez, deseando que el fin de semana (o el martes ya) no termine nunca y no queriendo volver a Viena…

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Datos de la ruta circular por la zona de Dachstein:

Punto de partida: Funicular de Obertraun.
Punto final: Funicular de Obertraun.

Distancia primer día: 4,5km
Distancia segundo día: 15km

Total desnivel subida: 1461m
Total desnivel bajada: 1461m

Un fin de semana completito

Al final pasaremos medio verano yendo y viniendo, así que el tiempo que estamos aquí queremos aprovecharlo… ¡y eso hacemos!

Este fin de semana la verdad es que ha sido de lo más completito. El viernes tuvimos otra vez sesión de chicas. Os tengo que hablar de la Niederösterreich-CARD, pero se merece un post aparte. Pero la cosa es que con esta tarjetita mágica, podíamos ir a las termas de Baden gratis, así que allí nos fuimos, que estamos taaaan estresadas, que necesitábamos relajarnos…

Baden es un pueblo muy bonito a unos 40km al sur de Viena, que alcanzó renombre gracias a sus aguas termales hace unos siglos. Hoy, desierto en invierno pero llena de visitantes y bonitas casonas en invierno, tiene varias zonas de termas.

Nosotras estuvimos en Römertherme. Parecen ser menos auténticas, pero además de que te ahorras el estupendo aroma a huevos podridos, son las que nos incluía la tarjeta. Teníamos entrada para todo el día. Y yo creía que con dos horas tenía más que suficiente… Pues bien, ¡entramos a las 10,30 de la mañana y salimos a las 5 de la tarde! Entre chorrito por aquí y chorrito por allí, y un rato en la piscina exterior, nos dio la hora de comer. Como el propio buffet del lugar costaba 8,90€ y no estaba mal, comimos allí sin quitarnos el bañador, con lo que después monopolizamos el jacuzzi… durante más de una hora. Parece que nos dan cuerda. Nos ponemos a charlar y charlar y no hay quien nos pare. Luego un chapuzón, unos largos, y claro, hay que volver a relajarse… y nos fuimos porque Laura tenía que recoger a su hermano en el Aeropuerto, que si no…

El sábado volvimos a retomar nuestra aventura montañera. Esta vez el pico elegido fue Heukuppe, el punto más alto (2007 m) de los Rax-Alpen, una cordillera cerquita de Viena.

Tal vez elegir el día más caluroso hasta ahora para una subida de casi 1000m a pleno sol cuando yo tengo la tensión por los suelos no sea la mejor idea del mundo, pero la verdad es que a pesar de que casi me derrito en el intento, fue una excursión muy bonita. Pero nos olvidamos la cámara de fotos, así que sólo tenemos pequeños recuerdos sacados con el móvil.

La bajada (que tenía que haber sido la subida) fue impresionante. Por lo empinada, por los millones de flores e insectos, por el laberinto de árboles caídos y el misterio de encontrar el camino…

Pero casi lo mejor del día fue encontrar un Heuriger ecológico con unas vistas impresionantes para terminar la tarde merendando con los últimos rayos de sol…

Y el domingo, nos fuimos todos juntos (aunque nos faltaron Ana Laura y Dirk) hasta la República Checa, a ver un castillo precioso, en Lednice. Bonito por fuera, y por dentro más aún, aunque el calor asfixiante nos impidió disfrutar del agradable paseo por el parque…

Está a apenas hora y media en coche desde Viena, y es una excursión que merece mucho la pena. Los mismos campos hasta llegar allí estaban preciosos, llenos de cereales y girasoles. Y el castillo es una pasada, aunque la guía es sólo en checo y para poder entender algo te dan papelitos en inglés…

A la vuelta una parada en el vecino pueblo de Valtice, y para casa, ¡que calor!

En resumen, un fin de semana completo y estupendo…